The story of Plaza Río de Janeiro · 3 min · Español

Plaza Río de Janeiro: El Corazón Bohemio de la Roma

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The story

Bienvenido a la Plaza Río de Janeiro, un refugio de serenidad y elegancia en el centro de la colonia Roma Norte. Al detenerte aquí, lo primero que notarás es el murmullo suave de la fuente y la mirada imponente de la figura que domina el centro del parque. Sí, es el David de Miguel Ángel.

Aunque el original descansa en Florencia, esta réplica exacta en bronce fue colocada aquí en 1976 como parte de un esfuerzo por acercar el arte clásico a los espacios públicos de la Ciudad de México. Es curioso cómo un símbolo del Renacimiento italiano se siente tan en casa entre los fresnos y las bancas de hierro de este rincón mexicano. Esta plaza no siempre se llamó así.

Cuando se trazó a principios del siglo veinte, en plena época del Porfiriato, su nombre era simplemente Plaza Roma. Fue en 1922 cuando cambió su nombre a Plaza Río de Janeiro para conmemorar el centenario de la independencia de Brasil, un gesto de hermandad latinoamericana que perdura hasta hoy. Si giras la vista hacia los edificios que rodean la plaza, notarás una mezcla fascinante de estilos.

Aquí, la arquitectura nos cuenta la transición de una ciudad que soñaba con parecerse a París a una metrópoli moderna y ecléctica. Fíjate ahora en la esquina de las calles Orizaba y Durango. Verás un edificio de ladrillo rojo con techos puntiagudos que parece sacado de un cuento gótico.

Se trata del Edificio Río de Janeiro, mejor conocido por todos los capitalinos como la Casa de las Brujas. Su apodo no es casualidad; si observas la torre principal, las ventanas y el tejado parecen formar el rostro de una bruja con un sombrero de pico. Las leyendas locales dicen que aquí vivió Bárbara Guerrero, alias La Pachita, una famosa chamana y curandera que realizaba rituales para figuras muy poderosas de la política y la cultura nacional a mediados del siglo pasado.

Hoy, la Plaza Río de Janeiro es mucho más que sus leyendas. Es el pulso de la vida urbana. Observa a los paseadores de perros, a los artistas que instalan sus caballetes bajo la sombra de los árboles y a la gente que disfruta de un café en las terrazas circundantes.

Te invito a que camines sin prisa, que sientas la frescura del agua de la fuente y que dejes que la atmósfera bohemia de la Roma te envuelva. Estás en uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad, donde la historia, el misterio y la vida cotidiana se encuentran en perfecto equilibrio. Disfruta tu estancia en este jardín de historias.

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