The story of Plazoleta de San Blas, el barrio de los · 3 min · Español

El Corazón de los Artesanos: Un Paseo por la Plazoleta de San Blas

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The story

Bienvenidos al barrio más bohemio y vibrante de todo el Cusco. Si han llegado hasta aquí, seguramente habrán conquistado la famosa Cuesta de San Blas, esa calle empinada de piedras pulidas que parece ponernos a prueba antes de revelarnos su tesoro. Respirem profundo, porque el aire aquí arriba no solo es más puro, sino que está cargado de siglos de historia y creatividad.

Estamos parados en lo que antiguamente se conocía como T’oqokachi, que en quechua significa "el hueco de la sal". En la época de los Incas, este era un lugar de retiro y agricultura, pero también el sitio donde se halló la momia del gran Pachacútec. Con la llegada de los españoles, el barrio se transformó, pero nunca perdió su esencia sagrada; simplemente cambió de manos y de herramientas.

Miren a su alrededor. Esta plaza, con su fuente central y sus bancos de piedra, es el centro de gravedad de San Blas. A un costado, se levanta imponente el Templo de San Blas.

Aunque su fachada parece sencilla, guarda en su interior una de las piezas de arte más extraordinarias del continente: su famoso púlpito de madera. Se dice que fue tallado en una sola pieza de cedro por un artista indígena que, tras ser sanado milagrosamente, dedicó años de su vida a esta obra maestra. Si entran, fíjense en la parte superior del púlpito; cuenta la leyenda que el cráneo que allí se observa pertenece al mismísimo autor, quien quiso vigilar su obra por toda la eternidad.

Pero San Blas no solo vive de su pasado. Es conocido como el "Barrio de los Artesanos" porque aquí el arte es un legado familiar. A pocos pasos de donde están, se encuentran los talleres de familias legendarias como los Mendívil, famosos por sus vírgenes y ángeles de cuellos larguísimos, una firma visual que nació de la admiración por la elegancia de las llamas y alpacas de los Andes.

También están los Olave, con sus niños Manuelitos de ojos de cristal, y la familia Mérida, que imprime en el barro el dolor y la fuerza del hombre andino. Caminen sin prisa. Observen los balcones de color azul intenso que contrastan con el blanco de las paredes.

San Blas es un laberinto donde cada puerta esconde una galería, un café acogedor o un taller donde el cincel sigue golpeando la piedra y el pincel sigue dando vida al lienzo. Al caer la tarde, la luz en esta plaza adquiere un tono dorado que parece detener el tiempo. Disfruten de la atmósfera, dejen que el sonido del agua de la fuente les cuente sus secretos y recuerden que, en San Blas, cada piedra tiene un nombre y cada artesano un alma que compartir con ustedes.

Bienvenidos al balcón del Cusco.

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