The story
Detente un momento aquí, sobre la calle de Positos, y deja que tu mirada recorra la imponente fachada que tienes frente a ti. Estamos ante el Templo de la Compañía de Jesús, un coloso de cantera rosa que parece desafiar las leyes de la gravedad y del tiempo en el corazón mismo de Guanajuato. Esta no es solo una iglesia; es un testimonio de la ambición, el arte y la fe que definieron a la Nueva España en el siglo dieciocho.
Observa con cuidado los detalles de la fachada principal. Los arquitectos Felipe de Ureña y José de la Canal diseñaron este frente como si fuera una filigrana de piedra, un bordado minucioso tallado en la roca. Verás las famosas columnas estípites, esas que parecen pirámides invertidas y fragmentadas, cubiertas de relieves que juegan con la luz y la sombra de manera dramática según avanza el sol.
Es el estilo churrigueresco en su máxima expresión, un barroco tan cargado y detallado que casi parece que la piedra estuviera respirando. Pero la historia de este lugar tiene un tinte de melancolía que pocos conocen a simple vista. Los jesuitas, conocidos por su labor educativa y su enorme influencia intelectual, terminaron esta obra monumental en 1765, tras décadas de esfuerzo y financiamiento de los barones de la minería local.
Sin embargo, la ironía del destino quiso que solo dos años después de su inauguración, el rey Carlos Tercero ordenara la expulsión de la orden de todos los dominios españoles. Imagina el silencio repentino que cayó sobre estas naves cuando los frailes tuvieron que abandonar el templo que apenas acababan de estrenar, dejando atrás uno de los recintos más bellos de América. Si decides cruzar el umbral, el interior te recibirá con una amplitud que sobrecoge.
Al fondo, destaca la colección de pinturas de su pinacoteca, con obras de maestros como Miguel Cabrera, el pintor más célebre de la época colonial. Pero hay un detalle que domina el horizonte de la ciudad: su enorme cúpula. Notarás que su estilo es más sobrio, neoclásico, y esto tiene una razón trágica.
La cúpula original colapsó en 1808, y la que ves hoy fue reconstruida décadas más tarde, creando ese contraste único entre la exuberancia del exterior y la elegancia de la parte superior. Mientras continúas tu camino por esta calle de Positos, justo a unos pasos de la Universidad de Guanajuato, quédate con la imagen de la cantera encendida por el sol. El Templo de la Compañía no es solo un hito arquitectónico; es el símbolo de una ciudad que supo convertir la riqueza de sus minas en una belleza eterna que hoy, siglos después, sigue dejándonos sin aliento.
Tómate tu tiempo para admirar los últimos relieves antes de seguir descubriendo los secretos que aguardan en cada esquina de esta ciudad laberíntica.