The story
Bienvenidos a uno de los rincones más mágicos y antiguos de la ciudad de Oaxaca. Mientras caminas por estas calles empedradas, alejándote poco a poco del bullicio del centro histórico, notarás que el aire parece cambiar y el ritmo del tiempo se vuelve más lento. Estás entrando al Barrio de Jalatlaco, y frente a ti se erige el guardián de esta comunidad: el Templo de San Matías.
Detente un momento frente a su fachada y observa con calma. ¿Notas ese tono cálido y terroso de la piedra? Es la famosa cantera roja, un material emblemático de esta región que, bajo la luz del atardecer oaxaqueño, parece encenderse con un brillo propio.
Este templo, cuya construcción comenzó a finales del siglo diecisiete y se consolidó en el dieciocho, es mucho más que un edificio religioso; es un testimonio de la resistencia de un barrio que nació mucho antes de la llegada de los españoles. Originalmente, este lugar fue un asentamiento zapoteca y más tarde náhuatl, cuyo nombre, Jalatlaco, significa barranco de arena. Si diriges tu mirada a la parte superior de la fachada, en el nicho central, verás la imagen de San Matías Apóstol, el patrón que da nombre al templo.
Pero para entender la verdadera esencia de este lugar, debemos recordar que durante siglos Jalatlaco fue conocido mundialmente como el barrio de los curtidores. Los artesanos que trabajaban el cuero con maestría venían aquí, a estas mismas puertas, a pedir protección para sus talleres y a agradecer por su sustento. Imagina por un momento el eco de las herramientas golpeando las pieles y el aroma del cuero que alguna vez llenó estas calles, mientras las campanas que ves en las torres llamaban a la comunidad al trabajo y a la oración.
Al cruzar el pequeño atrio, rodeado de árboles que regalan una sombra generosa, sentirás una paz que invita al descanso. El interior es sencillo pero profundamente conmovedor, con retablos que han custodiado las penas y alegrías de las familias locales por generaciones. Pero lo que hace único a San Matías hoy en día es cómo su historia colonial dialoga con la modernidad.
Si miras a tu alrededor, verás que las paredes de las casas vecinas están cubiertas de murales vibrantes. Jalatlaco ha pasado de ser un barrio de curtidores a convertirse en una galería de arte al aire libre. Especialmente durante las festividades del Día de Muertos, este templo se vuelve el epicentro de comparsas legendarias, donde la música de banda y los disfraces monumentales llenan de vida la plaza.
Te invito a que sigas tu camino por los callejones laterales, pero antes de irte, toca suavemente la cantera roja de sus muros. El Templo de San Matías no es un monumento estático; es el corazón palpitante de un barrio que se niega a olvidar sus raíces mientras abraza con color y arte su presente. Disfruta de la quietud de este rincón y deja que la historia de Oaxaca te siga susurrando al oído.