The story of Templo de la Enseñanza · 3 min · Español

El Esplendor Escondido: El Templo de la Enseñanza

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The story

Bienvenidos a la calle de Donceles, una de las arterias más antiguas y literarias de la Ciudad de México. Al detenerse frente al número 102, se encontrarán con una fachada que parece un encaje de piedra suspendido en el tiempo. Soy Avsha, y hoy voy a revelarles los secretos de una joya que muchos pasan de largo, pero que resguarda uno de los tesoros más deslumbrantes del barroco novohispano: el Templo de la Enseñanza.

Miren hacia arriba, a la estrecha pero imponente fachada de cantera. Este edificio, terminado en 1778, fue la culminación del sueño de una mujer extraordinaria, la madre María Ignacia de Azlor y Echeverz. Ella no solo buscaba erigir un templo, sino fundar el primer colegio en la Nueva España dedicado exclusivamente a la educación de niñas y mujeres jóvenes, la Compañía de María.

En una época donde la educación femenina era casi inexistente, este lugar fue un faro de conocimiento. Al cruzar el umbral, prepárense para un cambio radical de atmósfera. Si el exterior es elegante y sobrio, el interior es un estallido de luz y oro.

Estamos ante una obra maestra de Francisco Guerrero y Torres, el mismo arquitecto que diseñó la famosa Casa de los Azulejos. La planta de la iglesia es pequeña, pero su diseño es tan ingenioso que se siente monumental. Observen cómo la luz se filtra desde la cúpula, bañando los retablos en un resplandor celestial.

Caminen lentamente hacia el altar principal. Lo que ven es el estilo churrigueresco en su máxima expresión. Los retablos son una coreografía de columnas estípites, ángeles, flores y santos que parecen moverse ante sus ojos.

Es asombroso pensar que estos altares son originales; muchos templos del Centro Histórico perdieron su mobiliario barroco durante las reformas neoclásicas del siglo diecinueve, pero la Enseñanza se mantuvo casi intacta, protegida como una cápsula del tiempo. Fíjense en el coro alto y bajo, donde las monjas de la enseñanza participaban en los servicios ocultas tras las celosías, manteniendo su vida de clausura mientras sus cantos llenaban el espacio. El detalle en la talla de la madera y el dorado a la hoja es de una finura que nos habla de la inmensa riqueza y devoción de su fundadora.

Este templo no es solo un monumento a la fe, sino un testimonio de la historia de México. Tras la exclaustración de las monjas, el edificio tuvo usos diversos, desde archivo hasta tribunal, lo que paradójicamente ayudó a su conservación. Hoy, mientras respiran el aroma a madera antigua y cera, recuerden que están en un espacio que desafió las convenciones de su tiempo para dar voz y sabiduría a las mujeres.

Disfruten del silencio y dejen que el oro les cuente su historia.

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