The story
Te encuentras ahora frente al número 111 de la calle Aldama, en el corazón de uno de los rincones más antiguos y magnéticos de la ciudad de Oaxaca: el barrio de Jalatlaco. Detente un momento y deja que tus ojos recorran la fachada de este edificio que parece detenido en el tiempo. Estás ante el Templo de San Matías Jalatlaco, un testigo de piedra que ha visto pasar siglos de historia desde que su estructura actual se consolidara a mediados del siglo dieciocho, aunque sus raíces se hunden mucho más atrás en el tiempo.
Este lugar no siempre fue parte de la traza urbana de la ciudad. Originalmente, Jalatlaco era un pueblo independiente habitado por indígenas mexicas y zapotecas. El nombre Jalatlaco proviene del náhuatl y significa "barranca de arena", un recordatorio de la geografía que definía esta zona antes de que el asfalto y la modernidad la rodearan.
Si miras hacia el suelo, verás que las calles aquí conservan un empedrado rústico y hermoso que nos obliga a caminar más despacio, casi con reverencia, invitándonos a dejar atrás las prisas del centro histórico. Observa la fachada del templo. Está construida con la cantera característica de la región, con esos tonos que oscilan entre el amarillo ocre y el rojizo, y que parecen encenderse cuando el sol de la tarde comienza a bajar.
En el nicho central, verás la imagen de San Matías Apóstol, el patrón del barrio. A diferencia de las imponentes y majestuosas iglesias del centro de Oaxaca, este templo tiene una escala más humana e íntima, reflejando el espíritu de la comunidad que lo construyó. Históricamente, Jalatlaco fue el barrio de los curtidores de piel.
Imagina por un segundo el bullicio de los antiguos talleres, el aroma del cuero trabajándose y el sonido de los artesanos que encontraban en este atrio su refugio espiritual tras largas jornadas de trabajo. Hoy, ese pasado artesanal ha dado paso a un estallido de creatividad contemporánea. Si giras un poco la vista hacia las casas vecinas, notarás cómo los muros que rodean la iglesia están adornados con murales vibrantes, llenos de calaveras, flores y escenas de la vida oaxaqueña, creando un contraste fascinante entre la sobriedad colonial del templo y el arte urbano actual.
Te invito a que camines por el atrio y sientas la paz que emana de sus muros. Jalatlaco es a menudo descrito como un pueblo dentro de una ciudad, y este templo es su alma. Al terminar de admirar su arquitectura, permite que tus pasos te lleven sin rumbo por las calles laterales, donde cada fachada de colores vivos y cada maceta con flores te contarán por qué este lugar es considerado uno de los barrios más bellos del mundo.
Disfruta de este refugio de tranquilidad y deja que la historia de San Matías te acompañe en tu recorrido.