The story of Plaza e Iglesia de Santo Domingo, Centro Histórico, · 3 min · Español

El Corazón de Piedra y Leyenda: La Plaza de Santo Domingo

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The story

Bienvenidos a uno de los rincones más vibrantes y cargados de historia de Cartagena de Indias. Te encuentras ahora en la Plaza de Santo Domingo, un espacio donde el tiempo parece haberse detenido entre el aroma del café y el eco de los siglos. Detente un momento y observa la imponente estructura que domina el paisaje: la Iglesia de Santo Domingo.

Esta no es una iglesia cualquiera; se trata del templo más antiguo de la ciudad. Su construcción comenzó a mediados del siglo dieciséis, en mil quinientos cincuenta y uno. Si te fijas bien en su fachada, notarás algo peculiar.

Mira hacia lo alto del campanario. ¿Ves esa ligera inclinación? La leyenda local cuenta que, durante su construcción, el mismísimo diablo, enfurecido por la majestuosidad de la obra, saltó sobre la torre intentando derribarla.

No lo consiguió, pero dicen que su peso dejó esa curvatura permanente como testimonio de su frustración. En realidad, la torre se torció debido a las dificultades del terreno y el peso de los materiales, pero en Cartagena preferimos quedarnos con la magia del mito. Sus muros son anchos y robustos, diseñados no solo para la oración, sino para resistir los constantes asedios de piratas que azotaban la ciudad en la época colonial.

Al entrar, el aire se vuelve fresco y el silencio te abraza, permitiéndote admirar un retablo barroco tallado en madera que es una joya del arte religioso. Ahora, gira tu mirada hacia el centro de la plaza. Es imposible no notar la figura de bronce que descansa allí, contrastando con la arquitectura colonial.

Se trata de Gertrudis, una escultura monumental donada por el maestro Fernando Botero en el año dos mil. Gertrudis se ha convertido en el amuleto de la plaza. Si te acercas, verás que ciertas partes de su anatomía brillan más que el resto.

La tradición dice que si tocas sus pechos, tendrás asegurada una larga vida llena de romance y, lo más importante, el destino te garantizará un regreso a Cartagena. A medida que el sol comienza a bajar, la Plaza de Santo Domingo se transforma. Los cafés sacan sus mesas al empedrado, los músicos callejeros afinan sus guitarras para tocar una cumbia suave y los balcones coloniales, rebosantes de buganvilias de colores intensos, parecen vigilar la alegría de los visitantes.

Este lugar es el alma del centro histórico. Tómate tu tiempo, disfruta de un jugo de corozo frío y deja que la brisa del Caribe te cuente sus secretos mientras contemplas cómo la luz del atardecer tiñe de dorado las piedras de Santo Domingo.

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