The story of La fachada de la Casa de Montejo · 3 min · Español

La fachada de la Casa de Montejo: Piedra, Poder y Conquista

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The story

Bienvenidos al corazón palpitante de la Ciudad Blanca. Se encuentran en el costado sur de la Plaza Grande de Mérida, frente a una de las obras maestras más fascinantes y, al mismo tiempo, más controvertidas de la arquitectura colonial en América: la Casa de Montejo. Construida entre 1542 y 1549, esta es la única residencia de un conquistador en México que aún conserva su fachada original de estilo plateresco.

Tómense un momento para observar la piedra caliza labrada. Fue Francisco de Montejo "el Mozo", fundador de la ciudad, quien ordenó su construcción utilizando mano de obra de los propios mayas de la antigua ciudad de T’hó. Pero lo que hoy nos detiene aquí no es solo la elegancia de sus detalles, sino un mensaje de poder tallado en piedra que ha sobrevivido por casi quinientos años.

Eleven la mirada hacia la parte superior del portal principal. A cada lado de la ventana central, verán a dos figuras de soldados españoles tallados a gran escala. Van vestidos con armaduras de la época, sosteniendo alabardas.

Pero fíjense bien en lo que hay bajo sus pies. Cada soldado está parado triunfalmente sobre dos cabezas humanas, representadas con rasgos que históricamente se han identificado como guerreros mayas derrotados. Este detalle no es una coincidencia estética.

Es un "lenguaje visual de dominio". En una época donde la mayoría de la población no sabía leer, la arquitectura servía como un recordatorio constante de quién ostentaba el poder absoluto tras la sangrienta conquista de Yucatán. Sin embargo, hay un detalle curioso: si miran de cerca, las cabezas bajo los pies de los soldados tienen barbas pobladas.

Los mayas rara vez tenían barbas así, lo que ha llevado a algunos historiadores a pensar que los artesanos indígenas, quizás en un acto sutil de resistencia o siguiendo modelos europeos, tallaron rostros que no se parecían del todo a ellos mismos, o que simplemente copiaron figuras de bárbaros de la tradición medieval española. A pesar de la crudeza del mensaje, la fachada es una joya de equilibrio y belleza, con sus escudos familiares y los rostros de los Montejo —el Adelantado, su esposa y su hijo— observándonos desde los medallones. Al caminar por esta acera de la calle 63, uno puede sentir el peso de dos mundos que chocaron de frente.

Los invito a que, antes de seguir su camino, contemplen el contraste entre la delicadeza de los relieves florales y la dureza del mensaje político que corona la entrada. Es una lección de historia escrita en piedra que nos recuerda que Mérida nació de la mezcla, a veces dolorosa, de estas dos civilizaciones.

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