The story of La Merced runs off the Plaza de Armas, · 3 min · Español

Arequipa en Blanco: El Legado de Sillar en la Calle La Merced

A narrated story about La Merced runs off the Plaza de Armas, — press play, or read it below.

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The story

Bienvenidos a uno de los rincones más fotogénicos y cargados de historia de la Ciudad Blanca. Se encuentran ahora mismo en la calle La Merced, específicamente frente al número 408, en el corazón del centro histórico de Arequipa. Si giran la vista hacia donde nace esta calle, verán cómo se abre paso la majestuosa Plaza de Armas, pero antes de caminar hacia ella, deténganse un momento a observar las paredes que los rodean.

Estamos rodeados de sillar. Esta piedra volcánica, de un blanco nacarado y textura porosa, no es solo un material de construcción; es el ADN de Arequipa. El sillar es en realidad ignimbrita, una ceniza volcánica compactada que fue expulsada hace miles de años por los colosos que vigilan la ciudad: el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu.

Al tocar la fachada aquí en La Merced 408, sentirán la calidez de una piedra que es sorprendentemente ligera y fácil de tallar, lo que permitió a los antiguos alarifes crear las filigranas y detalles barrocos que parecen encaje de piedra. Desde este punto, la perspectiva de la Plaza de Armas es inmejorable. Observen la imponente Catedral, cuyas dos torres gemelas desafían el azul intenso del cielo arequipeño.

Es una estructura única en el Perú, pues ocupa todo un costado de la plaza. Lo que ven hoy es un testimonio de resiliencia: la catedral ha sobrevivido a incendios y terremotos devastadores, siendo reconstruida una y otra vez con el mismo sillar que hoy pisan. Sus columnas de estilo neorrenacentista y sus arcos monumentales brillan con una luz casi divina cuando el sol de la tarde golpea la piedra, dándole ese tono perla que mencionan las crónicas antiguas.

A pocos pasos de donde están, se levanta la Iglesia de La Merced. Fíjense en su portada lateral, una joya del arte mestizo donde los motivos religiosos europeos se mezclan con la flora y fauna local, tallada con una delicadeza que solo el sillar permite. Se dice que en los patios de estas casonas y conventos, el aire se siente más fresco gracias a la capacidad térmica de esta piedra volcánica, que mantiene el calor durante las noches frías de los Andes y la frescura bajo el sol radiante del mediodía.

Caminar por la calle La Merced es viajar en el tiempo. Cada bloque de piedra cuenta una historia de vulcanismo, fe y maestría artística. Al avanzar hacia los portales de la plaza, imaginen a los antiguos picapedreros trabajando en las canteras de Añashuayco, extrayendo el alma de los volcanes para levantar esta ciudad que, literalmente, nació del fuego para convertirse en luz.

Disfruten del contraste del blanco infinito con el cielo y déjense guiar por la elegancia eterna de la piedra que nunca muere.

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