The story of la Presa de la Olla en Guanajuato, embalse · 3 min · Español

La Presa de la Olla: El Corazón de Agua de Guanajuato

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The story

Bienvenidos al final del Paseo de la Presa, un lugar donde el tiempo parece detenerse bajo la sombra de los eucaliptos y las montañas esmeralda. Soy Avsha, y hoy los guiaré a través de la historia y el alma de este rincón emblemático de Guanajuato. Deténganse un momento y respiren el aire fresco.

Lo que ven frente a ustedes no es solo un cuerpo de agua, es la razón por la cual esta ciudad pudo florecer durante el siglo dieciocho. A mediados de mil setecientos cuarenta, Guanajuato vivía su época dorada gracias a la plata, pero sufría una sed desesperada. Fue entonces cuando se decidió levantar esta magnífica obra de ingeniería para capturar el agua de lluvia que bajaba de la sierra.

Imaginen a los trabajadores de la época colocando piedra tras piedra de cantera para formar este muro curvo que hoy sostiene la vida de la zona. Observen también ese pequeño faro que vigila desde la orilla; es un detalle curioso, un faro en una ciudad sin mar, que servía para guiar a los viajeros y pastores en las noches de neblina. Pero la Presa de la Olla es mucho más que ingeniería.

Si caminan por los senderos del Parque Florencio Antillón, justo aquí al lado, sentirán la elegancia de la Belle Époque mexicana, con su kiosco y sus bancas de hierro donde las familias han paseado por generaciones. Sin embargo, hay un día al año en que este remanso de paz se transforma en un estallido de júbilo colectivo: el primer lunes de julio. Esta es la famosa Apertura de la Presa, una tradición que se remonta a siglos atrás, cuando se abrían las compuertas para limpiar el cauce del río que atraviesa la ciudad.

Hoy es la fiesta máxima de los guanajuatenses. Imaginen la escena: miles de personas congregadas en las laderas, la banda de música tocando el vals Sobre las Olas y la tensión creciendo hasta que el Gobernador o la autoridad local agita un pañuelo blanco. En ese instante, las pesadas compuertas de hierro se elevan y el agua ruge al salir disparada, creando una cascada blanca y sonora que corre hacia el centro de la ciudad.

Es un espectáculo de purificación y alegría. Mientras caminan, fíjense en los puestos de comida que suelen rodear la zona, ofreciendo gorditas, charamuscas y dulces típicos. Si tienen oportunidad, renten una de las pequeñas lanchas de remos para ver la presa desde su centro; desde el agua, la vista de las montañas que rodean Guanajuato es simplemente inigualable.

Disfruten de este paseo, de su historia de piedra y agua, y dejen que el espíritu de esta ciudad, que siempre sabe cómo celebrar la vida, los acompañe en cada paso.

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