The story
Bienvenidos a la sombra del monumento más emblemático de Sevilla. Soy Avsha, y hoy vamos a descubrir los secretos que guardan estos muros de ladrillo y piedra. Detente un momento y mira hacia arriba, bien arriba.
Lo que tienes ante ti es la Giralda, una torre que ha visto pasar los siglos, cambiando de piel y de función, pero siempre dominando el horizonte de la ciudad. Originalmente, esta maravilla no era el campanario de una catedral, sino el minarete de la Gran Mezquita de Sevilla, construida a finales del siglo doce por la dinastía almohade. Si observas con atención los muros de la parte inferior, notarás unos rombos entrelazados hechos de ladrillo.
Esta técnica se llama sebka y es una de las joyas del arte islámico. Pero hay un detalle aún más curioso: si entras y decides subir, no encontrarás escaleras. En su lugar, hay treinta y cinco rampas anchas.
¿Por qué? Porque el sultán quería que el almuédano pudiera subir hasta lo más alto montado a caballo para llamar a la oración cinco veces al día. Con la llegada de los cristianos en el siglo trece, la mezquita fue consagrada como catedral, pero el destino de la torre cambió para siempre tras un gran terremoto en mil trescientos cincuenta y seis, que derribó las cuatro esferas de cobre dorado que coronaban la cima.
En el siglo dieciséis, se decidió añadir el cuerpo de campanas de estilo renacentista que ves hoy, culminado por esa imponente estatua de bronce que gira con el viento. Es el Giraldillo, una figura que representa el triunfo de la fe cristiana y que le da nombre a toda la torre: la Giralda, "la que gira". A tus pies se extiende la Catedral de Santa María de la Sede, la catedral gótica más grande del mundo.
Los constructores del siglo quince dijeron una frase que quedó para la historia: "Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos". Al rodear el edificio, busca el Patio de los Naranjos. Es el antiguo patio de abluciones de la mezquita original.
Si tienes la suerte de estar aquí en primavera, el aroma del azahar te transportará a otra época. Fíjate también en las cadenas que rodean el recinto. Antiguamente, delimitaban el espacio donde la jurisdicción civil no podía entrar, ofreciendo asilo a quienes huían de la justicia.
Hoy, la Giralda sigue siendo el faro de Sevilla, un puente entre Oriente y Occidente. Disfruta de la brisa que corre por esta plaza y deja que el sonido de sus campanas te cuente la historia de una ciudad que nunca olvida su pasado.