The story of La Diana Cazadora · 3 min · Español

La Diana Cazadora — la estatua a la que obligaron a vestirse

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The story

Bienvenidos a uno de los puntos más vibrantes de la Ciudad de México. Aquí, donde el Paseo de la Reforma se encuentra con las calles de Sevilla y Río Mississippi, se alza imponente una mujer de bronce que parece desafiar el caos del tráfico con su elegancia eterna. Es la Flechadora de las Estrellas del Norte, aunque todos la conocemos simplemente como la Diana Cazadora.

Mírala bien. Su postura es perfecta, tensando un arco que, curiosamente, no tiene flecha. Pero lo que hoy vemos como una obra maestra del arte monumental, en 1942 fue el centro de un escándalo que sacudió los cimientos de la sociedad mexicana.

En aquel entonces, el presidente Manuel Ávila Camacho encargó al escultor Juan Olaguíbel una fuente para embellecer esta avenida. El artista eligió como modelo a una joven de apenas 16 años llamada Helvia Martínez Verdayes, quien trabajaba como secretaria en las oficinas de Pemex. Por temor a perder su empleo o ser juzgada, Helvia mantuvo su identidad en secreto durante cincuenta años.

Cuando la estatua fue inaugurada, la silueta desnuda de la Diana no fue recibida con aplausos por todos. La ultraconservadora Liga de la Decencia, encabezada por la entonces primera dama, Soledad Orozco, puso el grito en el cielo. Consideraron que la desnudez de la obra era una ofensa a la moral pública.

La presión fue tanta que obligaron a Olaguíbel a "vestir" a su creación. El escultor, con gran frustración, tuvo que soldarle un taparrabos de bronce a la altura de la cadera. Durante veinticinco años, la Diana cazó estrellas usando una especie de ropa interior metálica, convirtiéndose en un símbolo involuntario del puritanismo de la época.

No fue sino hasta 1968, cuando la ciudad se preparaba para los Juegos Olímpicos, que se decidió devolverle su forma original. Sin embargo, al intentar retirar el taparrabos, la escultura original sufrió daños. En lugar de parcharla, se decidió fundir una pieza nueva, exactamente igual a la original, que es la que tienes frente a ti.

Si alguna vez viajas al estado de Hidalgo, visita el pueblo de Ixmiquilpan; allí se encuentra la Diana original, la que todavía lleva las cicatrices de aquel calzón de bronce. Aquí en Reforma, la Diana hoy luce libre, recordándonos que el arte siempre encuentra la manera de despojarse de sus ataduras. Mientras continúas tu camino por esta avenida, observa cómo su mirada apunta hacia lo alto, recordándonos que, a pesar de las censuras del pasado, la belleza y la libertad siempre terminan por imponerse en el paisaje de nuestra ciudad.

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