The story of La China Poblana · 3 min · Español

La China Poblana — la joven esclavizada que dio a México su traje más famoso

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The story

Deténganse un momento frente a esta imponente fachada de cantera gris y azulejos blancos y azules. Se encuentran ante el Templo del Espíritu Santo, mejor conocido por todos los poblanos como la Iglesia de la Compañía de Jesús. Al caminar por la Avenida Palafox y Mendoza, es imposible no sentir el peso de la historia en estas piedras, pero hoy no vamos a hablar solo de la arquitectura barroca, sino de una mujer cuyo mito vive en cada costura del traje típico de México.

En el interior de esta iglesia, justo a un costado del altar mayor, descansan los restos de Catarina de San Juan. Pero ella no nació con ese nombre, ni era de China. Su historia comienza a miles de kilómetros de aquí, en la India del siglo diecisiete.

Mirra, como se llamaba originalmente, era una princesa o joven noble que fue capturada por piratas portugueses y llevada a Manila. Ahí fue vendida como esclava y embarcada en el famoso Galeón de Manila con destino a las costas de Acapulco. Imaginen a esa joven desembarcando en un mundo totalmente desconocido.

Fue comprada por un comerciante poblano, Miguel de Sosa, quien la trajo a esta ciudad. En aquella época, a casi cualquier persona que viniera del Oriente se le llamaba "chino", y así fue como Mirra se convirtió en la "China". Aunque vivió bajo la servidumbre, su piedad y sus supuestas visiones místicas le ganaron el respeto de la sociedad poblana.

Dicen que su forma de vestir, mezclando las sedas y los colores brillantes de su tierra natal con los encajes y bordados locales, fue la semilla que germinó en el icónico traje de la China Poblana. Miren a su alrededor. Ese estallido de color que ven en las artesanías de la calle, con faldas rojas y verdes salpicadas de lentejuelas y el águila nacional bordada, es un homenaje a esa fusión de mundos.

Catarina pasó sus últimos años entregada a la oración, y al morir en mil seiscientos ochenta y ocho, su fama de santidad era tal que fue enterrada aquí mismo, en este recinto sagrado de los jesuitas. Hoy, mientras admiran las torres de la Compañía, recuerden que Puebla no solo se construyó con la riqueza de la Nueva España, sino con los hilos invisibles de personas como Catarina. Ella pasó de ser una joven esclavizada a convertirse en el símbolo de la identidad femenina mexicana.

Al entrar al templo, busquen la lápida que marca su descanso final y piensen en el largo viaje de una mujer que, sin saberlo, le regaló a México su vestido más hermoso.

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