The story
Bienvenidos. Al detenerse aquí, en la vibrante intersección de las calles 60 y 47, no solo están frente a un templo, sino sobre los cimientos mismos de la historia de Yucatán. Soy Avsha, y hoy les contaré por qué la Iglesia de Santa Ana es mucho más que piedra y cal; es el punto donde la Mérida ancestral y la moderna se dan la mano.
Miren hacia arriba y noten algo curioso: la iglesia no está a nivel de calle, sino que se eleva sobre una plataforma. Este detalle es fascinante porque nos revela que el templo fue construido sobre un antiguo basamento maya. Al levantarla aquí, entre los años 1729 y 1733, los constructores no solo buscaban un lugar de culto, sino marcar una presencia simbólica.
En aquel entonces, este barrio estaba en las afueras de la ciudad y era el hogar de trabajadores mayas y castas que servían a las familias del centro. La construcción se atribuye al gobernador Antonio de Figueroa y Silva. Se dice que él mismo financió gran parte de la obra y que su devoción fue tal que pidió ser enterrado aquí.
Observen la fachada. A diferencia de otras iglesias más cargadas, Santa Ana presume una sencillez que enamora. Sus dos torres tipo espadaña, terminadas en puntas piramidales, son su rasgo más distintivo.
Son como flechas apuntando al cielo despejado de Yucatán, dándole un aire de fortaleza que protegía a la comunidad de aquel entonces. Si caminan un poco hacia los costados, sentirán cómo el ambiente se transforma. Durante el siglo diecinueve, en plena época del auge del henequén, este barrio vivió una metamorfosis.
La apertura del majestuoso Paseo de Montejo, a solo una cuadra de aquí, convirtió a Santa Ana en el preludio de la zona más aristocrática de la ciudad. Sin embargo, el barrio nunca olvidó sus raíces populares. No pueden irse de este rincón sin dirigir la vista hacia el mercado que se encuentra justo al lado.
Es un santuario de la gastronomía yucateca. El aroma a maíz tostado, cochinita pibil y salbutes que emana de sus puestos es parte inseparable de la experiencia de Santa Ana. Es el lugar donde los locales y los viajeros se mezclan para disfrutar de un festín bajo la sombra de los árboles de la plaza.
Al caminar por estos muros amarillos, imaginen las procesiones, los mercados de antaño y el paso del tiempo que ha visto a Mérida crecer sin descanso. Santa Ana es un refugio de paz y un recordatorio de que la identidad de esta tierra se construye capa sobre capa. Disfruten del aire, del sonido de las campanas y de la calidez de este barrio, el corazón indomable de Mérida.