The story of Iglesia de Santa Ana, la 'Catedral de Triana', · 3 min · Español

Iglesia de Santa Ana, el Corazón Vibrante de Triana

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The story

Bienvenidos al otro lado del río. Siéntanse por un momento trianeros de pura cepa. Se encuentran ante la Real Parroquia de Señora Santa Ana, pero si preguntan a cualquier vecino, les dirá simplemente que están ante la Catedral de Triana.

Este edificio no es solo una iglesia; es el alma, el orgullo y el primer refugio de un barrio que siempre se ha sentido un mundo aparte de Sevilla. Fíjense en su aspecto robusto, casi de fortaleza. Fue mandada a construir en 1266 por el rey Alfonso X El Sabio.

Cuenta la leyenda que el monarca sufría una grave enfermedad en los ojos y, tras encomendarse a Santa Ana, sanó milagrosamente. En agradecimiento, mandó levantar este templo, convirtiéndolo en la primera iglesia de nueva planta construida en Sevilla tras la Reconquista. Al observar sus muros de ladrillo y esas almenas que coronan las cubiertas, entenderán por qué se diseñó así: en aquellos tiempos, Triana estaba extramuros y este edificio debía servir también como refugio defensivo si los enemigos atacaban desde el río.

Al cruzar el umbral, el ambiente cambia. El bullicio de las calles Pureza y Vázquez de Leca se desvanece bajo las altas bóvedas góticas y mudéjares. La luz se filtra con delicadeza, iluminando siglos de devoción marinera y flamenca.

Dirijan su mirada hacia el Altar Mayor. Es una joya del Renacimiento, obra de Nufro Ortega y con pinturas del maestro flamenco Pedro de Campaña. En el centro, preside la imagen de Santa Ana con la Virgen y el Niño, una representación que los trianeros llaman cariñosamente la Abuela, la Madre y el Hijo.

Caminando por las naves laterales, busquen una losa de cerámica muy especial: el sepulcro de Íñigo López. Hay una tradición curiosa aquí: verán que la figura del caballero tiene un perro a sus pies. Se dice que las mujeres que quieren encontrar marido o mejorar su suerte deben darle siete pataditas al relieve del perro.

Es solo una de las muchas historias que humanizan este lugar sagrado. Santa Ana es el lugar donde los marineros de las flotas de Indias venían a rezar antes de partir y a dar gracias al regresar. Aquí se respira el olor a cera, a flores frescas y a esa historia invisible de los alfareros y fragüeros que forjaron este barrio.

Antes de marcharse, observen el juego de colores en las capillas y sientan el peso de casi ocho siglos de fe. Al salir, verán que el sol de Triana brilla de otra manera, sabiendo que acaban de visitar el centro exacto donde late el corazón de este arrabal milenario. Disfruten del paseo, porque en Triana, cada esquina tiene una copla y cada piedra, una leyenda.

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