The story
Bienvenidos a uno de los rincones más evocadores y auténticos de Cartagena. Soy Avsha, y hoy los guiaré a través de la historia y el encanto que respira este espacio. Deténganse un momento aquí, en el centro de la Plaza Fernández de Madrid.
Sientan la brisa que corre entre los árboles y observen las fachadas de colores pastel que nos rodean. Estamos en el corazón del barrio de San Diego, una zona que, a diferencia del bullicioso centro, conserva una atmósfera bohemia, casi detenida en el tiempo. Esta plaza lleva el nombre de José Fernández de Madrid, un ilustre prócer de la independencia y poeta cuya estatua preside el lugar.
Pero más allá de la historia política, este parque es famoso por ser un escenario literario. Se dice que Gabriel García Márquez se inspiró en este entorno para describir la "Plaza de los Evangelios" en su obra El amor en los tiempos del cólera. Es fácil imaginar a los personajes intercambiando cartas bajo la sombra de estos almendros.
Ahora, dirijan su mirada hacia la esquina donde se alza la Iglesia de Santo Toribio de Mogrovejo. A primera vista, puede parecer modesta comparada con la gran Catedral, pero Santo Toribio guarda secretos que la hacen única. Terminada en 1732, es cronológicamente la última de las iglesias coloniales construidas dentro de las murallas.
Su fachada blanca y sencilla esconde una de las historias más asombrosas de la ciudad. En el año 1741, durante el feroz ataque del almirante inglés Edward Vernon contra Cartagena, una bala de cañón de veinte libras atravesó el techo de la iglesia en plena misa de viernes de cuaresma. El proyectil cayó justo en medio de los fieles, pero, milagrosamente, no estalló.
Hoy en día, esa misma bala de cañón todavía se conserva dentro del templo, incrustada en una de las paredes interiores como recordatorio de aquel evento fortuito. Si deciden entrar, el silencio los envolverá de inmediato. Miren hacia arriba para admirar el artesonado mudéjar, un intrincado techo de madera tallada que muestra la influencia de los artesanos moriscos en la arquitectura colonial.
El altar mayor es otra maravilla, tallado en madera y recubierto en pan de oro, una joya del barroco tardío que brilla con luz propia cuando el sol de la tarde se filtra por las pequeñas ventanas. Al salir, tómense un momento para observar las balconadas de las casas circundantes, cargadas de veraneras rojas y púrpuras. San Diego fue históricamente el barrio de los artesanos y las clases menos favorecidas, pero hoy es el refugio de artistas y soñadores.
Disfruten de la paz de esta plaza, donde el eco de la historia y la magia de la ficción se encuentran en cada esquina. Sigamos adelante, que Cartagena todavía tiene mucho que contarnos.