The story of The island of Flores is ancient Nojpetén, capital · 3 min · Español

Flores: El Último Latido del Mundo Maya

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The story

Bienvenidos a la Isla de Flores. Mientras caminas por la Avenida La Reforma, con la brisa fresca del lago Petén Itzá acariciándote el rostro y el sol iluminando las fachadas coloridas, es fácil dejarse llevar por el encanto pintoresco de este pueblo colonial. Pero detente un momento y mira hacia el suelo que pisas.

Bajo estas calles empedradas y estas casas de techos rojos, yace el fantasma de una de las ciudades más legendarias de la historia americana: Nojpetén, la Gran Isla. Hace más de trescientos años, este lugar no era un destino turístico, sino el último bastión de la libertad indígena en el continente. Mientras el resto de los grandes imperios mayas, aztecas e incas habían caído ante la cruz y la espada española siglos atrás, los itzáes se mantuvieron aquí, protegidos por las aguas profundas del lago y por una selva impenetrable.

Nojpetén era una metrópolis de templos blancos y pirámides que se alzaban donde hoy ves la catedral y las plazas. La Avenida La Reforma es el lugar perfecto para imaginar el drama de 1697. Por años, los reyes Itzá, descendientes de los linajes de Chichén Itzá, resistieron a los misioneros y soldados.

Cuentan las crónicas que incluso llegaron a adorar la estatua de un caballo, el de Hernán Cortés, al que llamaron Tzimin Chac, el caballo del trueno, confundiéndolo con una deidad tras verlo por primera vez. Cuando el animal murió por falta de cuidados adecuados, lo esculpieron en piedra, y esa imagen permaneció en sus templos hasta el final. Ese final llegó en la mañana del 13 de marzo.

Imagina el lago lleno de embarcaciones españolas, bergantines armados con cañones que avanzaban hacia esta misma orilla donde te encuentras. El gobernador Martín de Ursúa dirigió el asalto final. Los itzáes, valientes pero superados por la tecnología bélica, se lanzaron al agua para nadar hacia la tierra firme en un intento desesperado por salvarse.

Con la caída de Nojpetén, se cerró el último capítulo de la independencia maya. Los templos fueron demolidos y con sus mismas piedras se construyó la ciudad que ves hoy. Al recorrer esta avenida, observa la curvatura de la isla.

Estás caminando sobre siglos de resistencia. Flores no es solo una isla de descanso; es un monumento vivo al coraje de un pueblo que se negó a ser conquistado durante casi dos siglos después de la llegada de Colón. Siente el peso de esa historia en cada paso y deja que el eco de los antiguos itzáes te acompañe mientras descubres los secretos de este último reino perdido.

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