The story
Detente un momento aquí, frente al número 669 de la calle Leguizamón. Lo que ves ante tus ojos, esta imponente construcción que hoy conocemos como el hotel Solar de la Plaza, es mucho más que un edificio elegante; es una cápsula del tiempo que nos transporta a la época dorada de la aristocracia salteña. Estamos en el corazón del centro histórico, a tan solo dos cuadras de la Plaza 9 de Julio, pero al pararte frente a este umbral, el bullicio de la ciudad parece desvanecerse para dar paso a la historia de una de las familias más influyentes de Argentina: los Patrón Costas.
Esta mansión fue el hogar de Robustiano Patrón Costas, un hombre cuya sombra se proyectó sobre toda la provincia y el país durante la primera mitad del siglo veinte. Fue gobernador de Salta, senador nacional y el fundador del ingenio azucarero San Martín del Tabacal, un imperio que transformó la economía del norte. Imagina por un momento los carruajes y, más tarde, los lujosos automóviles negros deteniéndose justo donde estás tú ahora, trayendo a presidentes, diplomáticos y figuras de la alta sociedad que venían a discutir el destino de la nación entre estas paredes.
Al observar la fachada, notarás ese estilo neocolonial tan puro, con sus muros blancos y gruesos que desafían el calor del verano y esos balcones de madera finamente tallada que son el sello distintivo de Salta. Pero el verdadero tesoro se encuentra cruzando la puerta. Lo que hace que el Solar de la Plaza sea único es que, a diferencia de otros edificios históricos que se han vaciado de su esencia, aquí la casa sigue habitada por sus recuerdos.
Las paredes aún están engalanadas con la colección de arte original de la familia; son los mismos óleos y retratos que los Patrón Costas contemplaban mientras tomaban el té en los patios internos. Cierra los ojos e imagina el aroma del jazmín y los azahares que brotan de sus jardines centrales. Al caminar por sus pasillos, pisas los mismos suelos de baldosas calcáreas y madera que han resistido el paso de las décadas.
Cada mueble, cada lámpara de cristal y cada marco dorado cuenta una historia de opulencia, pero también de un profundo arraigo a la tierra salteña. Estamos en un lugar donde el poder político y la elegancia doméstica se fusionaron. Mientras sigues tu camino hacia la plaza principal, lleva contigo esta imagen: la de una Salta que supo construir su identidad mirando hacia su pasado colonial, pero con la ambición de quienes, desde casas como esta, soñaron con un imperio forjado en el dulce aroma de la caña de azúcar.
El Solar de la Plaza no es solo un hotel, es el testamento de piedra y arte de una estirpe que definió el norte argentino.