The story of Teatro Macedonio Alcalá · 3 min · Español

El Esplendor de la Cantera: El Teatro Macedonio Alcalá

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The story

Bienvenidos a uno de los rincones más elegantes y evocadores de Oaxaca. Detente un momento justo aquí, frente a este majestuoso edificio en la esquina de la Avenida de la Independencia y la calle de Armenta y López. Estás contemplando el Teatro Macedonio Alcalá, una joya arquitectónica que parece transportarnos directamente al París de finales del siglo diecinueve, en plena Belle Époque.

Fíjate bien en el color de sus muros. Esa tonalidad verdosa tan particular es la cantera verde, la piedra icónica que le ha dado a Oaxaca su apodo de la Ciudad Verde. El teatro fue inaugurado en mil novecientos nueve, originalmente bajo el nombre de Teatro Luis Mier y Terán.

En aquellos años, no solo era un recinto para las artes, sino que también funcionaba como casino y centro de reunión para la alta sociedad oaxaqueña que buscaba reflejar el refinamiento europeo que tanto admiraba el entonces presidente Porfirio Díaz. Si levantas la vista hacia la parte superior de la fachada, notarás su estilo ecléctico francés, con columnas imponentes y balcones tallados que parecen custodiar la entrada. Fue hasta la década de mil novecientos treinta que el teatro fue rebautizado en honor a Macedonio Alcalá, el célebre compositor oaxaqueño que dio vida al vals Dios nunca muere.

Si pasas suficiente tiempo en esta ciudad, te darás cuenta de que esa melodía es mucho más que una canción; es el himno sentimental de Oaxaca, una pieza que suena con la misma fuerza en celebraciones y en funerales, recordándonos la eternidad del espíritu. Imagina por un momento que cruzas sus puertas principales. El bullicio del tráfico de la Avenida Independencia desaparece y es reemplazado por un silencio solemne.

Tus pasos resonarían sobre una escalinata de mármol de Carrara blanca como la nieve. En el vestíbulo, el techo está decorado con frescos que representan a las musas y el arte, y desde el centro cuelga una inmensa lámpara de cristal que baña el mármol con destellos dorados. El auditorio principal, con sus butacas de terciopelo rojo dispuestas en forma de herradura, te haría sentir en una de las grandes casas de ópera de Europa.

A lo largo de más de un siglo, este escenario ha visto de todo, desde compañías de ópera internacionales hasta periodos de descuido donde incluso se proyectaba cine. Hoy, tras una restauración magistral, el Alcalá es el orgullo cultural de los oaxaqueños. Te invito a que sigas tu camino por esta avenida, pero antes de irte, observa cómo la luz del sol golpea la cantera verde; es en ese brillo donde reside el alma de este templo de la música y el drama.

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