The story
Bienvenidos a la Avenida 4 Poniente número 911. Deténganse un momento frente a esta fachada en el corazón del centro histórico de Puebla. Lo que tienen ante ustedes no es simplemente un comercio o una fábrica, es un portal a otra época.
Aquí se encuentra Talavera Uriarte, un recinto que desde 1824 custodia uno de los tesoros artesanales más celosos de México. Mientras el mundo exterior se mueve al ritmo de la gratificación instantánea, tras estas paredes el tiempo se mide en meses y las manos siguen siendo la herramienta más sofisticada que existe. Al cruzar el umbral, el bullicio del tráfico poblano se desvanece para dar paso al sonido rítmico del agua y el barro.
Fundado por Dimas Uriarte hace dos siglos, este taller ha mantenido viva la Denominación de Origen de la Talavera con una terquedad admirable. Imaginen que cada plato, cada azulejo y cada jarrón que ven aquí ha pasado por un proceso que no ha cambiado prácticamente nada desde la época colonial. Todo comienza con la mezcla de dos tipos de arcilla, blanca y negra, que se lavan y filtran hasta obtener una pasta pura.
Si observan a los maestros alfareros, verán cómo sus pies impulsan los tornos de madera con una precisión coreográfica. Pero no se dejen engañar por la aparente rapidez del modelado. Una vez formada la pieza, debe secarse a la sombra durante semanas, incluso meses.
Si el clima es demasiado húmedo o demasiado seco, la pieza se agrieta y el trabajo se pierde. Es una danza con los elementos. Después viene el sancocho, o la primera cocción, que transforma el barro en bizcocho, listo para recibir el esmalte vítreo que le da ese blanco cremoso tan característico de Puebla.
Lo más fascinante ocurre en el área de decorado. Los artistas utilizan pinceles finísimos hechos con pelo de mula para aplicar los pigmentos minerales. Los colores que ven —el azul cobalto, el amarillo, el verde, el negro y el malva— parecen grises o apagados al aplicarse, y solo revelan su gloria tras una segunda cocción a más de mil grados Celsius.
Es en el horno donde ocurre el milagro y el relieve de la pintura cobra esa textura que pueden sentir con las yemas de los dedos. Uriarte ha sobrevivido a revoluciones y modernismos, decorando desde las cocinas de los conventos cercanos hasta los palacios más elegantes del mundo. Al alejarse de este edificio, lleven consigo la certeza de que en este rincón de la 4 Poniente, el arte no se apresura.
Cada pieza de Uriarte es una victoria de la paciencia humana sobre el olvido.