The story of Palacio Salvo, Montevideo, Peru/Uruguay · 3 min · Español

El Guardián de la Plaza: El Majestuoso Palacio Salvo

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The story

Bienvenidos a la Plaza Independencia, el corazón de Montevideo. Si levantan la vista hacia la esquina donde nace la Avenida 18 de Julio, se encontrarán cara a cara con el gigante de la ciudad: el Palacio Salvo. Soy Avsha, y hoy voy a contarles la historia de este edificio que parece sacado de un sueño, o quizás de una pesadilla gótica, y que durante años fue el más alto de toda Sudamérica.

Inaugurado en 1928, el Salvo es una obra del arquitecto italiano Mario Palanti, encargada por los hermanos Salvo, unos poderosos empresarios textiles de la época. Al mirarlo, es difícil definir su estilo. Es una mezcla ecléctica de art déco, gótico y pinceladas neoclásicas que le dan ese aire de faro antiguo y misterioso.

De hecho, tiene un hermano gemelo en Buenos Aires: el Palacio Barolo. Palanti diseñó ambos como un puente espiritual a través del Río de la Plata, coronando a los dos con potentes faros que, según se decía, debían saludarse en la noche. Pero el Palacio Salvo guarda secretos en su propia base.

Antes de que se pusiera el primer ladrillo, aquí se encontraba la Confitería La Giralda. Fue en ese lugar preciso donde, en 1917, se estrenó "La Cumparsita", el tango más famoso del mundo, compuesto por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez. Por eso, al caminar cerca de sus columnas, casi se puede escuchar el eco de ese bandoneón que marcó el ritmo del mundo.

Fíjense en los detalles de su fachada. A medida que suben sus 95 metros de altura, verán figuras de animales marinos, monstruos y gárgolas. Muchos dicen que el edificio está lleno de simbología masónica y referencias a la Divina Comedia de Dante Alighieri.

La torre central representa el ascenso hacia el paraíso, mientras que los niveles inferiores esconden rincones cargados de sombras. Y como todo buen palacio antiguo, no le faltan historias de fantasmas. Los montevideanos cuentan la leyenda de "el fantasma del paraguas", que supuestamente es el espíritu de uno de los hermanos Salvo, Don José, quien fue asesinado en un turbio incidente cerca de aquí.

Dicen que aún recorre los pasillos de mármol cuidando su gran legado. Hoy, el Salvo es un edificio residencial y de oficinas, un laberinto vertical donde viven cientos de personas. Les recomiendo caminar por su galería comercial en la planta baja para sentir esa atmósfera de principios del siglo veinte.

Es un sobreviviente del tiempo que nos recuerda que Montevideo es una ciudad de poetas, de tango y de arquitecturas imposibles. Disfruten la vista, porque no hay otro rincón en el mundo que se le parezca.

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