The story
Bienvenidos. Te encuentras en uno de los puntos más vibrantes de la Ciudad de México, justo en la intersección de la Avenida Juárez y el Eje Central. Detente un momento y levanta la mirada hacia esa majestuosa estructura de mármol blanco que parece brillar con luz propia.
Estás frente al Palacio de Bellas Artes, el máximo recinto cultural del país y, para muchos, el edificio más hermoso de toda la nación. Si observas con atención la fachada, notarás una mezcla fascinante de estilos. El exterior es puro Art Nouveau, con sus formas orgánicas y esculturas de mármol de Carrara traído desde Italia.
Fue encargado por el presidente Porfirio Díaz a principios del siglo veinte para celebrar el centenario de la Independencia. Sin embargo, el suelo sobre el que estás parado tiene un secreto: el Palacio es tan pesado y el terreno del antiguo lago de Texcoco es tan suave, que el edificio se ha hundido varios metros desde que comenzó su construcción en 1904. Si miras hacia la base, verás cómo el nivel de la calle ha ido subiendo con el paso de las décadas.
La construcción se detuvo abruptamente con el estallido de la Revolución Mexicana. El arquitecto original, Adamo Boari, abandonó el país y el palacio quedó como un esqueleto de acero abandonado durante años. No fue sino hasta la década de los treinta que el arquitecto mexicano Federico Mariscal terminó la obra.
Por eso, al cruzar el umbral, el estilo cambia drásticamente. El interior es un santuario del Art Deco, con líneas geométricas, lámparas estilizadas y mármoles nacionales de colores intensos que contrastan con la blancura exterior. Dentro de estos muros se encuentra una de las colecciones de muralismo más importantes del mundo.
Aquí puedes ver "El hombre controlador del universo" de Diego Rivera, una recreación de la obra que le fue destruida en Nueva York por incluir el rostro de Lenin. También te rodean los trazos vigorosos de David Alfaro Siqueiros y la crítica social de José Clemente Orozco. Cada mural cuenta la historia de la lucha y la identidad de México.
No podemos olvidar el escenario principal, que alberga la famosa cortina de cristal de Tiffany. Imagina casi un millón de piezas de cristal de colores formando un paisaje de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Es la única de su tipo en el mundo.
Antes de seguir tu camino, rodea el edificio y busca las cuatro esculturas de Pegaso en la explanada. Alguna vez estuvieron en la Plaza de la Constitución, pero aquí han encontrado su hogar definitivo. Respira el aire del Centro Histórico, escucha el bullicio de la ciudad y deja que la elegancia de Bellas Artes te acompañe en tu recorrido.
Estás en el corazón del arte mexicano.