The story of León Velarde runs through Yanahuara toward its 1750 · 3 min · Español

El Corazón de Sillar: Un Recorrido por León Velarde hacia el Mirador de Yanahuara

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The story

Bienvenidos a Yanahuara, el barrio más emblemático de la Ciudad Blanca. Se encuentran ahora en la calle León Velarde 212, un punto de partida perfecto para entender por qué Arequipa no se parece a ninguna otra ciudad del mundo. Al mirar a su alrededor, notarán que las paredes que nos flanquean tienen un brillo pálido y poroso.

Es el sillar, esa piedra volcánica nacida de las entrañas del Misti, que le otorga a este distrito su identidad eterna. A medida que comenzamos a caminar por León Velarde, sientan cómo el ritmo de la ciudad cambia. Esta calle es una arteria que palpita con la historia de la Villa Hermosa de Yanahuara.

Noten la estrechez de las aceras y el cuidado de las fachadas; aquí, cada piedra parece haber sido colocada para resistir no solo el tiempo, sino también los caprichos de la tierra. Yanahuara fue originalmente un asentamiento de comunidades indígenas antes de la llegada de los españoles, y esa mezcla de nobleza y resistencia se respira en cada esquina. Mientras avanzamos, el aroma de la cocina arequipeña empieza a flotar en el aire.

Quizás perciban el aroma del adobo o el dulce perfume de los picarones. Estamos ascendiendo suavemente, dejando atrás el bullicio comercial para entrar en un espacio de contemplación. Al final de esta subida nos espera el regalo más grande de Yanahuara.

Al llegar a la plaza principal, la imponente Iglesia de San Juan Bautista, construida en 1750, nos recibe con su fachada barroca mestiza. Pero sigan caminando unos pasos más hacia el borde de la colina. Aquí, el espacio se abre y nos encontramos ante los famosos arcos de Yanahuara.

Estos arcos de sillar, construidos en el siglo diecinueve para embellecer el mirador, funcionan como marcos de piedra para la pintura más hermosa de la naturaleza: el imponente volcán Misti, escoltado por el Chachani y el Pichu Pichu. Deténganse un momento frente a los arcos. Si se acercan, verán que la piedra no está muda.

En su superficie están grabadas palabras de poetas y pensadores arequipeños, versos que cantan a la libertad, al amor por esta tierra y al carácter indomable de su gente. Es como si el sillar mismo estuviera recitando la historia de la ciudad. A esta hora, cuando el sol comienza a bajar, el mirador se transforma.

Las familias se reúnen, los niños corren por la plaza y las parejas comparten un queso helado mientras el cielo se tiñe de naranjas y violetas. Es un ritual que se repite desde hace siglos. Bajo estos arcos, el pasado y el presente se abrazan.

Disfruten de la vista, lean los versos grabados y sientan la paz de este balcón natural, donde Arequipa se muestra, en todo su esplendor, como una ciudad esculpida por el fuego y la poesía.

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