The story
Bienvenido a un rincón de Oaxaca donde el tiempo parece haberse detenido entre muros de cantera verde y ecos de un pasado señorial. Mientras caminas por la calle de Mariano Abasolo, alejándote apenas unos pasos del bullicio del Templo de Santo Domingo, notarás que el aire cambia. El ritmo se vuelve más pausado y las piedras bajo tus pies comienzan a contar una historia diferente.
Esta calle no es simplemente un paso hacia el oriente de la ciudad; es, en esencia, la capital olvidada de una aristocracia y un poder político que forjaron el destino de México. Mira a tu alrededor. Observa las fachadas imponentes.
A diferencia de otras zonas del centro histórico, Abasolo conserva una sobriedad elegante que nos habla de las familias más influyentes del siglo diecinueve. Se dice que en estas casonas, tras los pesados portones de madera y las ventanas protegidas por herrería artística, se tomaban las decisiones que movían los hilos del estado. Fue aquí donde la élite liberal oaxaqueña, compañeros y a veces detractores de Benito Juárez, establecieron sus residencias, convirtiendo este tramo en un centro de pensamiento y estrategia política oculto a plena vista.
Al avanzar, detente frente a las grandes casonas que hoy albergan museos y galerías. Una de las joyas de esta calle es el acceso posterior al Jardín Etnobotánico. Imagina que tras esos altos muros de adobe y piedra, se encontraba el antiguo huerto del convento, pero también el espacio donde los regimientos militares pasaban revista durante las convulsas guerras de Reforma.
La calle Mariano Abasolo fue testigo mudo del ir y venir de tropas y de las carrozas de los gobernadores que preferían la discreción de este barrio antes que la exposición del Zócalo. Fíjate en los detalles de las cornisas y los balcones. Cada uno cuenta una anécdota de linaje.
En el número doscientos dieciocho, por ejemplo, la arquitectura nos habla de una Oaxaca que miraba hacia Europa, mezclando la tradición de la cantera local con estilos neoclásicos. Es fascinante pensar que, mientras el mundo exterior veía a Oaxaca como una provincia distante, en esta calle se vivía con la sofisticación de una capital moderna. Hoy, la calle Abasolo es un refugio para el arte y la cultura.
Al pasar por el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, fundado por el maestro Francisco Toledo, siente cómo ese antiguo poder político se ha transformado en un poder creativo. La capital olvidada ya no dicta leyes, sino que inspira lienzos y grabados. Te invito a seguir caminando despacio, dejando que la sombra de los edificios te guíe.
Escucha el susurro del viento entre las puertas entreabiertas y trata de imaginar las conspiraciones, los bailes de gala y las conversaciones intelectuales que aún resuenan en esta, la calle que se niega a ser solo un recuerdo.