The story
Bienvenidos a uno de los rincones más enigmáticos y fotografiados de la colonia Roma Norte. Te encuentras frente a la Plaza Río de Janeiro, pero tu mirada seguramente ya ha sido capturada por ese imponente edificio de ladrillo rojo que se alza en la esquina de las calles Durango y Orizaba. Oficialmente se llama Edificio Río de Janeiro, pero para los chilangos, este lugar siempre será, y por muy buenas razones, la Casa de las Brujas.
Observa con atención la parte superior de la torre de la esquina. Si inclinas un poco la cabeza, notarás que el techo de tejas oscuras tiene la forma perfecta de un sombrero de bruja, puntiagudo y algo inclinado. Justo debajo, dos ventanas circulares parecen ojos vigilantes, y un saliente de piedra da la ilusión de una nariz aguileña.
No es coincidencia; el diseño juega con nuestra percepción, dándole al edificio un rostro humano que parece observar cada uno de tus movimientos desde las alturas. Este caserón fue construido en 1908 por el ingeniero británico R.A.
Pigeon, durante el esplendor del Porfiriato, una época en la que la Ciudad de México buscaba parecerse a las grandes capitales europeas. Su estilo gótico inglés y sus toques art nouveau lo hacían destacar entre las mansiones afrancesadas de la zona, pero su verdadera fama no vendría de su arquitectura, sino de lo que ocurría en su interior. La leyenda más poderosa de este lugar tiene nombre propio: Bárbara Guerrero, mejor conocida como Pachita.
Se dice que esta famosa chamana y curandera vivió en los cuartos de servicio de la azotea durante mediados del siglo veinte. Pachita no era una vecina cualquiera; era visitada por políticos, empresarios y artistas que buscaban sanaciones milagrosas. Los testimonios de la época aseguran que realizaba cirugías psíquicas con un cuchillo de cocina, extrayendo tumores y males sin anestesia y sin dejar cicatrices.
Los vecinos, asustados por los cánticos, los olores a hierbas y las figuras oscuras que entraban y salían del edificio a altas horas de la noche, terminaron por sellar el destino del nombre del inmueble. Mientras caminas cerca de su fachada, fíjate en el contraste entre su misterio y la serenidad de la plaza que lo rodea, donde una réplica del David de Miguel Ángel preside la fuente central. Hoy, la Casa de las Brujas ha sido remodelada y alberga departamentos de lujo y galerías de arte, pero el aura de lo sobrenatural persiste.
Hay quienes juran que, al caer la tarde, cuando las sombras se alargan sobre la Plaza Río de Janeiro, el rostro del edificio parece sonreír, guardando celosamente los secretos de las ceremonias que alguna vez ocurrieron bajo su sombrero de piedra. Disfruta el aire bohemio de la Roma, pero no dejes de mirar hacia arriba; nunca sabes quién, o qué, podría estar devolviéndote la mirada.