The story
Nos encontramos frente al número 204 de la Calle 40, a tan solo unos pasos del bullicio de la plaza principal de Valladolid. A primera vista, esta fachada colonial pintada de un azul vibrante podría parecer una casona más de este Pueblo Mágico, pero tras ese portón de madera se esconde una de las mayores joyas culturales de todo México. Bienvenidos a la Casa de los Venados.
Imaginen por un momento que su hogar no solo fuera el lugar donde duermen, sino un santuario vivo para la creatividad de todo un país. Esa fue la visión de John y Dorianne Venator, una pareja estadounidense que hace más de tres décadas decidió que su jubilación no sería un retiro silencioso, sino una misión de rescate y celebración del arte popular mexicano. Lo que hoy visitamos es el resultado de treinta años de viajes, búsquedas y una pasión inagotable por las manos artesanas de México.
Al cruzar el umbral, el espacio se abre de una manera sorprendente. Esta es una casona de casi dos mil metros cuadrados, restaurada con un respeto absoluto por la arquitectura original y la ecología. Pero lo que realmente cautiva son las más de tres mil piezas que decoran cada rincón.
Aquí no hay vitrinas frías ni cuerdas que te impidan acercarte. Las obras conviven con la vida cotidiana: verán enormes árboles de la vida de Metepec junto a las mesas del comedor, catrinas elegantes custodiando los pasillos y alebrijes de colores imposibles que parecen vigilar los techos altos. El nombre de la casa no es casualidad.
"Venator" significa cazador en latín, pero John siempre dice que ellos no cazan animales, sino belleza. Por eso, verán representaciones de venados en infinitas formas, desde tallas de madera hasta bordados intrincados. Es la colección privada de arte popular más grande de México abierta al público, y lo más fascinante es que sigue siendo una casa habitada.
No se sorprendan si escuchan el eco de una conversación en la cocina o ven a los dueños compartiendo el espacio con los visitantes; esa es la esencia del lugar: el arte no debe estar aislado, sino integrado en la vida misma. Caminen por los patios, admiren los murales contemporáneos que se mezclan con las piedras centenarias y deténganse ante la explosión de texturas provenientes de Oaxaca, Chiapas o Michoacán. Cada pieza cuenta una historia de una familia artesana diferente.
Además, al visitar este lugar, participan en un círculo de generosidad, ya que los fondos recaudados se destinan a causas sociales y de salud aquí mismo en Valladolid. Disfruten este recorrido sensorial, porque en la Casa de los Venados, el corazón de México late en cada estante y en cada pared.