The story of Jardín Zenea y Templo de San Francisco · 3 min · Español

Jardín Zenea y el Templo de San Francisco: El Corazón de Querétaro

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The story

Bienvenidos al punto exacto donde late el corazón de Querétaro. Soy Avsha, y hoy los guiaré a través de este espacio donde la historia y la vida cotidiana se entrelazan bajo la sombra de los fresnos. Deténganse un momento sobre la Avenida Corregidora y miren hacia el imponente edificio de tonos rojizos y ocres que domina la esquina.

Es el Templo de San Francisco, la primera edificación religiosa de la ciudad, cuya construcción comenzó a mediados del siglo dieciséis. Fíjense en su fachada. Es sobria pero imponente, con esa piedra volcánica que parece absorber la luz del sol.

Este templo no era solo una iglesia; era el epicentro de un gigantesco complejo conventual que en su época de gloria ocupaba varias de las manzanas que hoy nos rodean. Imaginen que, donde ahora caminan turistas y vendedores de globos, hace siglos solo se escuchaba el murmullo de las oraciones y el roce de las sandalias de los monjes franciscanos sobre la piedra. A su derecha, el Jardín Zenea se extiende como una sala de estar al aire libre.

Pero este jardín tiene un secreto: no siempre fue un parque público. Durante la época colonial, este terreno era parte del atrio y el cementerio del convento. Fue hasta mediados del siglo diecinueve, bajo las Leyes de Reforma, que el espacio se transformó.

El gobernador Benito Zenea, de quien el jardín toma su nombre, fue el encargado de darle esta fisonomía afrancesada y elegante que tanto nos gusta hoy. Caminen hacia el centro del jardín. Notarán el hermoso quiosco de hierro forjado, de estilo Art Nouveau, que parece sacado de una postal parisina.

Si tienen suerte, podrán escuchar a la banda del estado tocando un vals o un paso doble, mientras las parejas de adultos mayores bailan con una elegancia que parece detener el tiempo. No olviden buscar la Fuente de Hebe, la diosa de la juventud, una pieza de hierro fundido traída directamente de Europa, que preside el costado sur del jardín. A un costado del templo, verán la entrada al Museo Regional, que ocupa los antiguos claustros del convento.

Es un lugar donde los pasillos aún conservan ese aire de misterio y paz. Querétaro se entiende mejor desde aquí, desde este cruce de caminos donde lo sagrado del templo se funde con la alegría del jardín. Los invito a que busquen una de las bancas de hierro, pidan un tradicional camote o una nieve de mantecado, y simplemente observen.

Aquí, entre las palomas y el repique de las campanas de San Francisco, se respira la verdadera esencia de nuestra ciudad. Disfruten su estancia en este rincón eterno.

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