The story of Iglesia de la Compañía de Jesús, Plaza de · 3 min · Español

El Esplendor de la Compañía: Oro, Piedra y Rivalidad en el Corazón del Cusco

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Bienvenidos a uno de los puntos más vibrantes y cargados de historia de toda la ciudad imperial. Deténganse un momento y miren hacia arriba, dejen que sus ojos recorran la imponente fachada que se alza ante nosotros en el lado sur de la Plaza de Armas. Estamos frente a la Iglesia de la Compañía de Jesús, una joya del barroco andino que es mucho más que un templo religioso; es un testimonio de poder, arte y una de las rivalidades más famosas de la época colonial.

Antes de que esta estructura de piedra volcánica dominara el horizonte, este suelo era sagrado para los incas. Aquí se encontraba el Amarucancha, o el Recinto de la Serpiente, que fue el suntuoso palacio del Inca Huayna Cápac. Tras la conquista, el lugar fue cedido a los jesuitas, quienes se propusieron construir un templo que no tuviera rival en todo el virreinato.

Si observan la catedral, justo a unos pasos de aquí, notarán algo curioso. La Compañía de Jesús parece competir en belleza y detalle con ella. Y no es una coincidencia.

Los jesuitas querían que su iglesia fuera la más magnífica de la ciudad, lo que desató la furia del obispo del Cusco. El conflicto escaló tanto que llegó a oídos del Rey de España y del Papa. El obispo argumentaba que una orden religiosa no podía tener un templo que opacara a la catedral de la ciudad.

La orden de detener la construcción o simplificarla fue enviada desde Europa, pero en aquellos tiempos, las noticias viajaban lento. Para cuando el mensajero cruzó el océano y ascendió los Andes, la iglesia ya estaba casi terminada. El resultado es lo que vemos hoy: una fachada que parece un retablo tallado en piedra, con torres elegantes y proporciones casi perfectas.

Miren con atención la piedra. Es andesita, una roca volcánica local que brilla con matices oscuros y rosáceos bajo el sol cusqueño. Los detalles son tan finos que parecen encaje de hilo, pero son columnas salomónicas y nichos que han resistido el paso del tiempo y los grandes terremotos, como el de 1650, que obligó a reconstruir gran parte de lo que vemos.

Si deciden entrar, prepárense para ser deslumbrados. El altar mayor es un bosque de madera tallada cubierto totalmente en pan de oro, uno de los más impresionantes del Perú. Pero les pido que busquen una pintura en particular cerca de la entrada.

Retrata el matrimonio de la princesa inca Beatriz Clara Coya con el capitán español Martín García de Loyola. Es una imagen poderosa que simboliza el nacimiento de la identidad mestiza del Cusco, donde la sangre de la nobleza inca y la española se unieron para siempre. Tómense su tiempo para caminar por el atrio y sentir la energía de esta plaza.

Bajo sus pies descansan antiguos muros incas y, sobre ustedes, el eco de siglos de devoción y arte que siguen definiendo el alma de esta ciudad eterna.

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