The story
Bienvenidos a uno de los rincones más fascinantes de Málaga. Soy Avsha, y hoy voy a ser vuestro guía a través de las capas de la historia que se despliegan justo aquí, a los pies de la imponente Alcazaba. Si miráis a vuestro alrededor, notaréis que este no es un monumento aislado; es el corazón donde el pasado romano, el pasado árabe y la Málaga moderna se dan la mano en la Calle Alcazabilla.
Deteneos un momento y observad estas gradas de piedra que descienden en semicírculo. Estamos ante el Teatro Romano, la construcción más antigua de la ciudad. Fue edificado en el siglo primero antes de Cristo, en la época del gran emperador Augusto, cuando Málaga se llamaba Malaca y era una pieza clave del Imperio Romano en el Mediterráneo.
Imaginad por un segundo el ambiente de hace dos mil años: el olor al mar cercano, el murmullo de miles de ciudadanos vestidos con togas ocupando estos mismos asientos y el sonido de las tragedias y comedias resonando contra estas piedras. Lo más increíble de este lugar es que, durante siglos, nadie supo que estaba aquí. El teatro permaneció oculto, enterrado bajo metros de tierra y olvido.
No fue hasta 1951 cuando, de manera totalmente accidental, se descubrió mientras se realizaban las obras de unos jardines para la antigua Casa de la Cultura. El edificio moderno fue finalmente demolido para dejar que este tesoro volviera a ver la luz del sol. Si dirigís la vista hacia las gradas, la llamada cavea, veréis que faltan muchas piedras.
¿Queréis saber a dónde fueron? Solo tenéis que levantar la mirada hacia las murallas rojizas de la Alcazaba que corona la colina. Cuando los árabes construyeron su fortaleza en el siglo once, utilizaron el teatro como una cantera cercana.
Si os fijáis bien en las puertas y columnas de la fortaleza de arriba, veréis fustes y capiteles romanos que fueron "reciclados" para sostener el palacio nazarí. Es un ejemplo perfecto de cómo las culturas se superponen y se alimentan unas de otras. Hoy podéis ver claramente el proscenio, que era el escenario, y la zona de la orquesta, ese espacio semicircular donde se situaban las autoridades.
El pequeño centro de interpretación que tenéis a la entrada, con su fachada de cristal donde se reflejan las ruinas, os ayudará a imaginar cómo lucía este espacio en su máximo esplendor, revestido de mármoles y estatuas. Málaga no es solo sol y playa; es esta continuidad, este diálogo entre el presente y los fantasmas de quienes nos precedieron. Disfrutad de este espacio, sentid el sol en la misma piedra que lo sintieron los romanos, y dejad que el eco de la historia os acompañe en vuestro paseo.