The story of Ermita de San Felices en los Riscos de · 3 min · Español

El Vigía de la Rioja: Los Riscos de Bilibio y la Ermita de San Felices

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The story

Bienvenidos a uno de los rincones más mágicos y cargados de simbolismo de toda España. Soy Avsha y voy a acompañaros en este ascenso hacia las nubes de la Rioja Alta. Mientras vuestros pies encuentran su ritmo en el sendero que sube hacia los Riscos de Bilibio, dejad que vuestra mirada se pierda por un momento en el horizonte.

No estáis simplemente subiendo una colina; estáis ascendiendo a un altar natural donde la piedra, la fe y el vino se funden en una sola historia. Fijaos en las paredes verticales que nos rodean. Estos riscos han servido de fortaleza natural desde tiempos inmemoriales.

Los romanos, conscientes de su valor estratégico, establecieron aquí el Castrum Bilibium para vigilar el paso del río Ebro. Pero la verdadera transformación de este lugar ocurrió en el siglo quinto. Imaginad por un momento a un hombre llamado Felices, un anacoreta que buscó la soledad de estas rocas para dedicar su vida a la oración.

Aquí vivió y aquí enseñó a su discípulo más célebre, San Millán de la Cogolla. Al contemplar la pequeña ermita y la estatua de San Felices que corona la cima, estamos viendo el homenaje a un maestro que marcó el inicio de la espiritualidad en esta región. Al llegar a la parte alta, el esfuerzo se ve recompensado con una de las vistas más impresionantes de la península.

A vuestros pies, el río Ebro dibuja curvas perezosas mientras serpentea por el valle, separando los campos y dando vida a un mar infinito de viñedos. Dependiendo de la época en que nos visitéis, este tapiz cambia de color: desde el verde vibrante de la primavera hasta los ocres y rojos encendidos del otoño, que parecen imitar el color del vino que descansa en las barricas de Haro, la ciudad que divisamos a lo lejos. Pero este lugar no solo conoce el silencio de la oración.

Cada veintinueve de junio, este mismo suelo que pisáis se tiñe de un color púrpura intenso. Es la famosa Batalla del Vino, una Fiesta de Interés Turístico Internacional. Miles de personas, vestidas de blanco inmaculado, suben hasta aquí armadas con botas, sulfatadoras y cubos llenos de vino tinto para librar una contienda pacífica y alegre.

Lo que empezó hace siglos como una disputa por la propiedad de estos riscos, se convirtió con el tiempo en una celebración de la vida y de la cosecha. Al terminar la mañana, el aroma a mosto impregna el aire y no queda un solo centímetro de ropa que no haya sido bendecido por el néctar de la uva. Tomad un momento ahora para respirar el aire puro que baja de la Sierra de Cantabria.

Escuchad el susurro del viento entre las rocas. En la Ermita de San Felices, el pasado romano, el legado eremítico y la alegría de la cultura vinícola conviven en perfecta armonía. Es un lugar para sentirse pequeño ante la inmensidad del paisaje y, al mismo tiempo, parte de una tradición que se niega a desaparecer.

Disfrutad de la paz de este mirador privilegiado antes de descender de nuevo hacia el bullicio de las bodegas de Haro.

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