The story
Bienvenidos a una de las joyas más resplandecientes de la Colonia Americana. Te encuentras frente al número 2226 de la calle José Guadalupe Zuno, ante una construcción que es mucho más que muros y techos; es el manifiesto de una época y el sueño de un hombre que amó profundamente a Jalisco. Esta es la Casa ITESO Clavigero, conocida históricamente como la Casa Zuno.
Detente un momento y observa la fachada. ¿Notas esa mezcla de elegancia y robustez? Fue terminada a principios de los años treinta por el arquitecto Arnulfo Villaseñor para José Guadalupe Zuno Hernández, quien fuera gobernador del estado y una de las figuras intelectuales más influyentes de nuestra ciudad.
En un tiempo donde la aristocracia tapatía miraba hacia Francia para diseñar sus mansiones, Zuno decidió mirar hacia adentro, hacia lo nuestro. Por eso ves este estilo que llamamos Regionalismo, donde la cantera, la madera tallada y los azulejos rinden homenaje a la identidad mexicana. Al entrar, el bullicio de la ciudad parece desvanecerse.
El patio central, con sus arcos de medio punto, te invita a respirar la tranquilidad de la vieja Guadalajara. Fíjate bien en los detalles de las columnas y los techos; cada centímetro fue diseñado para contar una historia de orgullo local. Sin embargo, el verdadero tesoro se encuentra en las paredes.
José Guadalupe Zuno no solo era un político, era un artista, y su casa fue el lienzo para grandes muralistas. Las obras de Guillermo Chávez Vega que adornan las escaleras son un estallido de color y crítica social que narran la lucha por la justicia y el conocimiento. Esta casa no siempre fue un centro cultural.
Durante décadas, fue el hogar de la familia Zuno y el punto de reunión de los pensadores más brillantes de México. Imagina a Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros caminando por estos mismos pasillos, discutiendo sobre arte y revolución mientras el sol se filtraba por los ventanales. En 1999, la familia donó esta propiedad al ITESO, la Universidad Jesuita de Guadalajara, con el firme propósito de que su legado fuera compartido con todos nosotros.
Hoy, la casa respira una nueva vida como centro de promoción cultural, albergando una biblioteca especializada y exposiciones que mantienen viva la flama del pensamiento crítico. Mientras continúas tu camino por las calles arboladas de la Colonia Americana, deja que la imagen de esta casa te acompañe. Es un recordatorio de que Guadalajara no solo es una ciudad de tradiciones, sino un lugar donde la arquitectura y el arte se abrazan para decirnos quiénes somos y de dónde venimos.
Disfruta del jardín, de la sombra de sus árboles y de la historia que emana de cada una de sus piedras.