The story
Hola, soy Avsha, y es un placer acompañarlos en este tramo de la Carretera Tulum–Boca Paila. Nos encontramos exactamente en el kilómetro 9.5, un punto donde la selva parece abrazar con más fuerza el asfalto y el sonido del Caribe se vuelve un murmullo constante.
Detengan su mirada en la entrada monumental que tenemos frente a nosotros. Estamos ante Casa Malca, un lugar que es mucho más que un hotel de lujo; es un enigma envuelto en lienzos y concreto. Para entender este espacio, debemos viajar atrás en el tiempo, a una época de sombras y leyendas urbanas.
Se dice, y los lugareños lo cuentan con un brillo de misterio en los ojos, que esta propiedad perteneció originalmente al infame Pablo Escobar. Durante años, la construcción permaneció abandonada, devorada lentamente por la vegetación tropical, hasta que en 2012 el destino de este terreno cambió radicalmente. Lio Malca, un renombrado coleccionista de arte con base en Nueva York, descubrió la propiedad y vio en sus muros de hormigón no un pasado oscuro, sino un lienzo en blanco para la vanguardia.
Al acercarse a la recepción, lo primero que les robará el aliento son las cortinas monumentales hechas enteramente de vestidos de novia antiguos. Es una entrada teatral que nos advierte que aquí las reglas de la decoración tradicional no existen. Lio Malca ha transformado cada rincón en una galería habitable.
Mientras caminan, fíjense en las paredes; podrían encontrarse de frente con una obra original de Keith Haring o esculturas de Kaws que parecen vigilar los pasillos con su estética contemporánea. Pero Casa Malca no solo vive del arte que cuelga de sus muros, sino de la experiencia sensorial de su arquitectura. Uno de los secretos mejor guardados es su piscina subterránea.
Es un espacio onírico, iluminado con colores vibrantes que contrastan con la penumbra del recinto, diseñado para que te sientas en un mundo aparte, lejos del bullicio del turismo convencional. Si levantan la vista hacia la estructura principal, notarán cómo el diseño respeta la robustez de la construcción original, pero la suaviza con maderas locales y una apertura total hacia el turquesa del mar. Es este contraste entre lo industrial, lo histórico y lo natural lo que hace que el kilómetro 9.
5 sea una parada obligatoria. Casa Malca es el testimonio de que incluso los lugares con las historias más complejas pueden renacer a través del arte y la belleza. Disfruten el entorno, respiren el aire salino y déjense envolver por la magia de este santuario ecléctico en el corazón de Tulum.