The story of This 1920s estancia in the Lerma valley outside · 3 min · Español

La Merced Chica: Un Refugio de Cine en el Valle de Lerma

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The story

Bienvenidos a la calma profunda del Valle de Lerma. Mientras avanzamos por la Ruta 51, dejen que el paisaje salteño los envuelva. A su alrededor, la geografía se vuelve más suave, los verdes se tornan más intensos y el aire comienza a oler a tierra mojada y a historia.

Estamos en la zona de La Merced Chica, un rincón que parece haber sido diseñado para el descanso del alma, lejos del bullicio de la ciudad de Salta pero con toda la elegancia de su pasado señorial. Fíjense en los árboles que custodian el camino. Estamos entrando en el dominio de una de las estancias más emblemáticas de la región.

Construida en la década de 1920, esta propiedad es un testimonio vivo de la arquitectura neocolonial argentina, con sus paredes blancas de adobe grueso, sus techos de teja española y esas galerías profundas diseñadas para ver pasar la tarde con un mate en la mano. Pero lo que hace a este lugar verdaderamente especial no es solo su diseño, sino las huellas de quienes caminaron por sus pasillos. Durante años, este fue el refugio personal del legendario actor de Hollywood, Robert Duvall.

Cuentan los lugareños que Duvall, atrapado por la belleza de Salta y por el amor de su esposa argentina, Luciana Pedraza, buscó en este valle un santuario. Imaginen por un momento al protagonista de El Padrino o Apocalypse Now, alejado de las luces de neón, disfrutando del silencio de los cerros y perfeccionando sus pasos de tango en la intimidad de esta casona. Aquí, Duvall no era la estrella de cine, sino un vecino más que apreciaba la cultura del gaucho y la nobleza de la tierra.

Al acercarse a la estancia, el perfume es lo primero que les dará la bienvenida. La propiedad está literalmente abrazada por un cinturón de jazmines que, en época de floración, tiñen el aire con una fragancia dulce y embriagadora. Los enormes eucaliptos, con sus troncos plateados y sus copas que rozan el cielo, actúan como centinelas naturales, filtrando la luz del sol y creando un juego de sombras que baila sobre el césped.

Junto a ellos, los rosales silvestres y las flores de lavanda completan un cuadro que parece pintado a mano. Desde aquí, la vista hacia el oeste nos regala la majestuosidad de la precordillera andina. La Merced Chica no es solo una parada en el camino; es un puente entre el pasado tabacalero del valle y un presente de hospitalidad refinada.

Mientras continúan su trayecto por la Ruta 51, lleven consigo esa imagen: la de una casa blanca rodeada de flores, donde el tiempo parece haberse detenido para permitirnos respirar hondo. Este es el espíritu de Salta, un lugar donde incluso las estrellas más grandes del mundo vienen a buscar lo más sencillo y auténtico de la vida.

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