The story of Parque Lezama, San Telmo, Buenos Aires · 3 min · Español

Parque Lezama: El Corazón Histórico de Buenos Aires

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The story

¡Bienvenidos al Parque Lezama! Soy Avsha, su guía en este recorrido, y hoy vamos a caminar por uno de los rincones más mágicos y cargados de mística de Buenos Aires. Deténganse un momento y miren a su alrededor.

Estamos parados en el límite exacto donde el bohemio San Telmo se abraza con el espíritu trabajador de La Boca y Barracas, sobre una barranca natural que nos cuenta el origen mismo de esta ciudad. Dice la leyenda, y muchos historiadores lo sostienen, que justo aquí, en este terreno elevado, Don Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires por primera vez en 1536. Aunque los cimientos originales se perdieron en el tiempo, al caminar por estos senderos sinuosos uno siente que el suelo exhala ese pasado colonial.

Noten la majestuosidad de los árboles antiguos, las tipas y los jacarandás que extienden sus ramas como manos nudosas protegiendo los secretos del barrio. Miren ahora hacia esa imponente casona de color rosa pálido que domina la parte alta del parque. Ese es hoy el Museo Histórico Nacional, pero en el siglo diecinueve fue la residencia privada de Don Gregorio Lezama.

Imaginen por un segundo cuando este lugar no era público, sino un jardín personal lleno de estatuas traídas de Europa y plantas exóticas. Tras la muerte de Lezama, su viuda vendió la propiedad a la ciudad con la única condición de que se convirtiera en un parque para todos. Gracias a ese deseo, hoy caminamos por lo que alguna vez fue el patio trasero más elegante de la aristocracia porteña.

Si caminamos hacia la esquina de la calle Brasil, verán algo que rompe totalmente con la arquitectura tradicional de la zona: las cinco cúpulas celestes acebolladas de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Sus mosaicos brillantes y su estilo moscovita nos recuerdan que Buenos Aires es un crisol de inmigrantes. Es un contraste fascinante: de un lado el rigor del museo histórico, y justo enfrente, el exotismo de la fe rusa bajo el cielo del sur.

Pero el Lezama no es solo historia de bronce y piedra; es literatura viva. Los amantes de las letras recordarán que aquí comienza Sobre héroes y tumbas, la obra maestra de Ernesto Sábato. Fue en estos mismos bancos de plaza donde los personajes de Martín y Alejandra se cruzaron por primera vez, rodeados de esa atmósfera melancólica y misteriosa que solo este parque posee cuando la luz del atardecer empieza a filtrarse entre las hojas.

Hoy, el parque vibra con una energía distinta. Los fines de semana, la feria de artesanos llena de color las veredas, y el aire se impregna del aroma a garrapiñada y mate. Escuchen el murmullo de los vecinos que se reúnen a jugar al ajedrez y las risas que suben desde el anfiteatro.

Caminen sin prisa, bajen por la barranca hacia la Avenida Paseo Colón y sientan cómo el terreno cae hacia lo que alguna vez fue la orilla del Río de la Plata. Parque Lezama es el lugar donde Buenos Aires respira, recuerda y se reinventa a cada paso. Disfruten de este refugio de paz en medio de la ciudad.

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