The story
Bienvenidos a un rincón de San José donde el pasado y el presente se abrazan bajo la sombra de los árboles. Te encuentras en la entrada de Rohrmoser, justo al borde del Parque Metropolitano La Sabana. Si prestas atención y cierras los ojos por un segundo, podrías imaginar que el sonido del tráfico se transforma en el rugido de viejos motores de hélice.
Y es que, aunque hoy veas setenta y dos hectáreas de verdor, hasta mediados de los años cincuenta este era el Aeropuerto Internacional de Costa Rica. Fíjate bien en ese edificio blanco, elegante y de estilo neocolonial que se levanta en el costado este del parque. Con sus techos de teja y sus arcos impecables, hoy alberga el Museo de Arte Costarricense, pero en su momento fue la terminal aérea donde los viajeros daban sus primeros pasos en suelo tico.
Si tienes la oportunidad de entrar, busca el Salón Dorado. Sus paredes están cubiertas por un relieve en estuco que narra la historia de nuestra nación desde la época precolombina hasta 1940. Es un tesoro escondido que solía ser el salón diplomático del aeropuerto.
Cuando la terminal se trasladó a Alajuela, San José tomó una decisión que cambió su destino: en lugar de cubrir este espacio con concreto y edificios, decidió sembrar un bosque. Así nació el pulmón de la ciudad. A tu alrededor verás a los josefinos en su estado más puro.
Verás corredores madrugadores, familias compartiendo un picnic cerca del lago y jóvenes practicando deportes en las canchas que reemplazaron a las pistas de aterrizaje. Es el espacio democrático por excelencia de la capital. Hacia el oeste, la vista es dominada por la imponente estructura del Estadio Nacional, una joya arquitectónica moderna que parece una vela blanca hinchada por el viento.
Detrás del estadio comienza el bulevar de Rohrmoser, una zona que nació con una visión de orden y modernidad. Este barrio es hoy hogar de numerosas embajadas y residencias elegantes, ofreciendo un contraste tranquilo con el bullicio del centro. Caminar por aquí es sentir la evolución de Costa Rica.
Pasamos de ser un país que recibía al mundo en una pequeña terminal de madera y teja, a ser una nación que valora el espacio público y la cultura. Disfruta del aire fresco, admira la mezcla de especies de árboles que han vuelto a habitar este espacio y siente la energía de una ciudad que, en medio del asfalto, decidió dejar un lugar para respirar. Aprovecha tu recorrido, porque en La Sabana, cada paso cuenta una historia de transformación.