The story of 'El Gat' de Fernando Botero, Rambla del Raval, · 3 min · Español

El Gat de Botero: El Guardián de Nueve Vidas del Raval

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The story

¡Hola! Soy Avsha, tu guía en este recorrido por el corazón latente de Barcelona. Detente un momento y levanta la vista.

Es imposible que pase desapercibido, ¿verdad? Estás frente a uno de los vecinos más queridos y voluminosos de la ciudad: El Gat de Fernando Botero. Este felino de bronce, con sus siete metros de largo y sus dos toneladas de peso, parece estar vigilando tranquilamente el ir y venir de la Rambla del Raval.

Pero no te dejes engañar por su mirada impasible; este gato ha tenido una vida de lo más ajetreada antes de encontrar su hogar definitivo aquí. El Ayuntamiento de Barcelona lo compró en 1987, pero durante quince años, el pobre animal fue un auténtico nómada. Primero lo instalaron en el Parque de la Ciutadella, cerca de sus parientes los leones del zoo.

Poco después, lo trasladaron junto al Estadio Olímpico de Montjuïc para los Juegos del 92. Más tarde, acabó en una pequeña plaza detrás de las Drassanes. Parecía que nadie sabía muy bien dónde encajaba este gato gigante de formas exageradas.

Finalmente, en el año 2003, con la profunda reforma urbanística que abrió este espacio donde nos encontramos, el gato llegó a la Rambla del Raval. Y fue un flechazo inmediato. Fíjate bien en su estilo.

Fernando Botero, el maestro colombiano, no pintaba ni esculpía cosas "gordas", como suele decirse. Él buscaba exaltar el volumen y la sensualidad de las formas. Para Botero, la abundancia era una forma de belleza y generosidad.

Observa cómo brilla el bronce en ciertas partes de su cuerpo, especialmente en el hocico y en sus garras. Eso es debido al roce constante de miles de manos. Se ha convertido en una tradición, casi un ritual de buena suerte, acariciarlo o incluso intentar trepar a su lomo para hacerse una foto.

Es el punto de encuentro por excelencia: quedar "en el gato" es la frase más común si vas a cenar o a tomar algo por estas calles. Este gato simboliza la transformación del Raval. Lo que antes era un laberinto de calles estrechas y oscuras, conocido históricamente como el Barrio Chino, se abrió al cielo con esta rambla.

Hoy, el gato convive con el aroma de las especias, el sonido de los monopatines y la mezcla multicultural que define a este barrio. Mientras descansa sobre sus cuatro patas cortas y robustas, El Gat de Botero nos recuerda que, a veces, solo hace falta encontrar el lugar adecuado para pasar de ser un extraño a ser el alma de la comunidad. Disfruta de su compañía antes de seguir explorando los secretos que esconden estas calles.

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