The story
Bienvenidos a este punto exacto donde la historia y la belleza natural se encuentran. Estamos sobre la Avenida 3, entre las calles 34 y 36, justo frente a los imponentes muros de piedra volcánica y caliza del Fuerte de San Felipe de Bacalar. Si miran hacia el horizonte, verán los deslumbrantes tonos azules de la Laguna de los Siete Colores, pero no se dejen engañar por la calma actual.
Hace tres siglos, este mismo paisaje era el escenario de violentas batallas y ambiciones coloniales. Este fuerte no se construyó por un capricho arquitectónico, sino por una necesidad desesperada de supervivencia. Corría el año 1733 cuando el gobernador de Yucatán, Antonio de Figueroa y Silva, ordenó su levantamiento.
¿La razón? El "oro negro" de la época: el palo de tinte. Este árbol, que crecía abundantemente en las selvas circundantes, era extremadamente valioso en Europa porque de su resina se extraían pigmentos para teñir las telas de rojo, negro y púrpura.
Los ingleses, establecidos en lo que hoy es Belice, codiciaban este recurso y no dudaban en enviar a piratas y bucaneros para saquear los asentamientos españoles y robar los cargamentos. Al caminar por el perímetro de la fortaleza, fíjense en su diseño en forma de estrella de cuatro puntas. Este estilo de trazo italiano permitía que no hubiera puntos ciegos para los defensores.
Imaginen el estruendo de los cañones que aún descansan en los baluartes, apuntando hacia el Canal de los Piratas, ese estrecho paso natural por donde las embarcaciones enemigas intentaban infiltrarse desde el Mar Caribe. Nombres de corsarios legendarios como Diego el Mulato o el temido Lorencillo resonaban en los pasillos de este baluarte, sembrando el terror entre los habitantes de la antigua Villa de Salamanca de Bacalar. Pero el fuerte tiene más historias que contar.
En el siglo diecinueve, durante la Guerra de Castas, este lugar fue un refugio crucial y más tarde un trofeo de guerra para los mayas rebeldes, quienes lo ocuparon durante décadas. Hoy, al entrar en su museo, podrán ver restos de embarcaciones, armas de la época y mapas antiguos que narran estas crónicas de resistencia. Les invito a detenerse un momento frente a los gruesos muros y sentir la brisa que viene de la laguna.
Piensen en los soldados que pasaban meses vigilando el horizonte, bajo el sol abrasador, esperando el brillo de una vela pirata. El Fuerte de San Felipe es el guardián eterno de Bacalar, el testigo mudo de cómo la codicia por el palo de tinte forjó el destino de esta tierra mágica. Disfruten su recorrido por el pasado mientras el azul de la laguna los acompaña en cada paso.