The story of El Kiosco Morisco · 3 min · Español

El Kiosco Morisco — el pabellón que México mandó a una feria mundial y trajo de vuelta

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The story

Bienvenidos al corazón de la Alameda de Santa María la Ribera. Soy Avsha, y hoy quiero que te detengas un momento frente a esta imponente estructura que parece un espejismo de oriente en medio de la Ciudad de México. Lo que tienes ante tus ojos no es solo un kiosco de barrio; es un viajero incansable, una proeza de la ingeniería del siglo diecinueve y el primer gran embajador cultural que México envió al mundo.

Observa detenidamente los detalles. Esta estructura de estilo neomudéjar, con sus arcos de herradura y sus intrincados patrones geométricos, fue diseñada por el ingeniero José Ramón Ibarrola. Si te acercas, notarás algo sorprendente: no está hecho de piedra ni de madera, sino totalmente de hierro fundido.

En aquella época, el hierro era el símbolo máximo de la modernidad y el progreso. Pero, ¿cómo llegó aquí? En 1884, el gobierno de Porfirio Díaz quiso mostrarle al mundo que México era una nación moderna y sofisticada.

Mandaron a fundir este pabellón en Pittsburgh, Estados Unidos, y lo armaron pieza por pieza en la Exposición Mundial de Nueva Orleans. Fue un éxito rotundo. Los visitantes quedaban maravillados por este palacio metálico que representaba el orgullo mexicano.

Años después, el kiosco volvió a empacar sus maletas para brillar en la Feria de San Luis Misuri en 1904. A su regreso definitivo a México, su primer hogar no fue este parque, sino la Alameda Central, justo en el sitio donde hoy se levanta el Hemiciclo a Juárez. Sin embargo, para las fiestas del Centenario de la Independencia en 1910, se decidió que el kiosco debía ceder su lugar al monumento de mármol.

Fue entonces cuando los vecinos de Santa María la Ribera, que en ese entonces era una de las zonas más aristocráticas de la ciudad, pidieron que el kiosco fuera trasladado aquí. Hoy, mientras caminas a su alrededor, puedes notar cómo la luz juega con los colores vibrantes de la cúpula y los detalles en rojo y azul. Este lugar se ha convertido en el alma de la colonia.

Fíjate en la gente: verás parejas bailando danzón los fines de semana, músicos ensayando bajo su sombra o vecinos compartiendo una charla. Lo que una vez fue un símbolo de prestigio internacional, hoy es el refugio más cálido de la comunidad. Te invito a que subas los escalones, sientas el metal bajo tus manos y te dejes envolver por la acústica de su centro, imaginando los aplausos que este viajero recibió hace más de un siglo en tierras lejanas antes de encontrar su hogar definitivo en este rincón de la capital.

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