The story of Calle Susona, antigua judería, Barrio de Santa Cruz, · 3 min · Español

La Leyenda de Susona: Corazón y Piedra en la Judería de Sevilla

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The story

Bienvenidos al laberinto de cal y sombra que es el Barrio de Santa Cruz. Se encuentran ahora en una de las calles más estrechas y cargadas de misterio de toda Sevilla: la Calle Susona. Antiguamente, este rincón del mundo era conocido con un nombre mucho más lúgubre, la Calle de la Muerte, y si afinan el oído mientras caminan sobre estos adoquines, casi podrán escuchar el eco de una tragedia que ha perdurado durante más de cinco siglos.

Para entender este lugar, debemos retroceder al siglo quince, cuando este barrio era la Judería, un espacio cerrado por muros donde la comunidad judía prosperaba, pero también vivía bajo una tensión constante con las autoridades cristianas. En una de estas casas vivía Diego Susón, un rico cabecilla de la comunidad, y su hija, conocida por todos como la Susona, la Fermosa Hembra. Se decía que su belleza era tan deslumbrante que no tenía igual en toda la ciudad.

Pero el corazón de la Susona no latía por nadie de su linaje. Estaba enamorada de un joven caballero cristiano, un amor prohibido que la llevó a cometer el mayor de los errores. Una noche, mientras esperaba a su amante, escuchó a su padre y a otros hombres conspirar una rebelión armada contra los cristianos de la ciudad.

Aterrada por la posibilidad de que su amado muriera en la revuelta, la Susona corrió a contárselo. Lo que ella no previó fue la magnitud de su traición. El caballero informó de inmediato al Asistente de la ciudad, y en pocas horas, todos los conspiradores, incluido su propio padre, fueron arrestados y ejecutados.

La joven se encontró de pronto repudiada por su propio pueblo, que la veía como una traidora, y rechazada por el mundo cristiano, que nunca terminó de confiar en ella. Consumida por el remordimiento, Susona se retiró a un convento, pero dejó una última voluntad escrita en su testamento. Pidió que, tras su muerte, su cabeza fuera cortada y colgada sobre la puerta de su casa en esta misma calle, para que su vergüenza sirviera de ejemplo y recordatorio eterno de su culpa.

Si levantan la vista ahora mismo y buscan entre las fachadas blancas, encontrarán un pequeño azulejo que muestra una calavera. Ese azulejo marca el lugar exacto donde, según la tradición, la calavera real de la Susona permaneció durante décadas, mirando fijamente a los transeúntes desde su nicho de piedra. Hoy, la calle ha cambiado su nombre de Muerte a Susona para honrar la memoria de aquella mujer cuya pasión y tragedia quedaron grabadas para siempre en los muros de Sevilla.

Sigan caminando despacio, dejen que la estrechez de las paredes les susurre su historia y sientan cómo el pasado se niega a desaparecer bajo el sol de Andalucía.

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