The story
Bienvenidos a uno de los rincones más auténticos y serenos del Centro Histórico de Oaxaca. Se encuentran ahora frente al número 405 de la calle Murguía. Deténganse un momento y respiren el aire de esta ciudad que parece detenida en el tiempo.
Aunque estamos a tan solo unos pasos del famoso Andador Turístico Macedonio Alcalá, ese río de gente que conecta el Zócalo con el templo de Santo Domingo, aquí el ritmo es distinto. La calle Murguía es como un susurro elegante que corre paralelo al bullicio, ofreciendo una perspectiva más íntima de la vida oaxaqueña. Miren a su alrededor.
Lo primero que notarán es el color de las fachadas. Esta es la famosa cantera verde, una piedra volcánica extraída de las canteras locales que le ha dado a Oaxaca el sobrenombre de la Ciudad de Antequera. Al tocar estos muros, como los del número 405, están tocando siglos de historia.
Esta calle lleva el nombre de José María Murguía y Galardi, un personaje fascinante que fue insurgente, matemático y el primer gobernador del estado de Oaxaca tras la independencia. Fue él quien realizó los primeros censos detallados de la ciudad, caminando quizás por estos mismos empedrados que hoy pisan ustedes. Si observan hacia el norte, verán cómo la calle parece rendir pleitesía a las torres de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, que asoman por encima de los tejados rojos.
A diferencia del Andador Turístico, donde las tiendas y los restaurantes compiten por su atención, en la calle Murguía la arquitectura es la verdadera protagonista. Noten los balcones de hierro forjado, las pesadas puertas de madera de cedro y esos patios interiores que se alcanzan a vislumbrar si alguna puerta queda entreabierta; son oasis de helechos y fuentes que guardan el frescor del mediodía. Caminar por aquí es también un viaje sensorial.
Es muy probable que les llegue el aroma del chocolate recién molido o el perfume de las flores de mayo que asoman por los muros de los antiguos conventos cercanos, como el de Santa Catalina de Siena, hoy convertido en hotel, pero que conserva la mística de los siglos dieciséis y diecisiete. Esta calle es el puente perfecto entre la Oaxaca vibrante de las guelaguetzas y la Oaxaca profunda de los intelectuales y artistas. Mientras avanzan, dejen que sus ojos busquen los detalles en las cornisas y las molduras.
Aquí, cada piedra tiene una historia de resistencia, de arte y de fe. Disfruten de este refugio de paz, sigan el camino de la cantera verde y dejen que el espíritu de Murguía los guíe hacia los tesoros dorados que aguardan a la vuelta de la esquina.