The story
Bienvenidos a uno de los rincones más evocadores de la ciudad de Salta. Te encuentras ahora mismo en la calle Deán Funes al ochenta, en pleno corazón del casco histórico. Detente un momento y respira el aire de la "Linda", como cariñosamente llamamos a esta ciudad.
Si miras hacia la esquina, a tan solo una cuadra de distancia, se alza majestuosa una de las visiones más icónicas de todo el noroeste argentino: la Iglesia San Francisco. Desde este punto, la perspectiva es privilegiada. La torre de la iglesia se eleva hacia el cielo salteño con una elegancia que desafía el tiempo.
Con sus cincuenta y cuatro metros de altura, es reconocida como una de las torres coloniales más altas de Sudamérica. Pero más allá de los números, es su color lo que te cautivará. Ese tono terracota profundo, adornado con molduras blancas y detalles dorados, parece encenderse cuando el sol de la tarde la golpea directamente.
Es un faro de fe y de historia que ha vigilado estas calles desde hace siglos. Caminar por la calle Deán Funes es recorrer la memoria de la Argentina. Esta calle rinde homenaje a Gregorio Funes, el célebre Deán de la Catedral de Córdoba, un hombre cuya pluma y pensamiento fueron fundamentales durante los días de la Revolución de Mayo.
Imagina por un segundo que el asfalto desaparece y es reemplazado por el antiguo empedrado. Visualiza a los carruajes y a los gauchos de Güemes transitando por estas mismas coordenadas, bajo la sombra de estos balcones coloniales que aún conservan su encanto señorial. La Iglesia San Francisco que ves hoy es, en realidad, la tercera construcción en este sitio, ya que los incendios y el paso del tiempo obligaron a reconstruirla varias veces.
El diseño actual, de un marcado estilo neoclásico italiano, fue obra del arquitecto Francisco Righetti. Lo que quizás no sepas es que su torre no solo servía para llamar a los fieles, sino que en tiempos de conflicto funcionaba como un punto de vigilancia estratégica sobre el valle de Lerma. A medida que avanzas por esta cuadra, nota el contraste entre el bullicio moderno de los comercios y la serenidad de los muros antiguos.
Salta tiene esa capacidad única de mezclar el presente con un pasado que se niega a marchar. Te invito a que camines hacia la esquina, sientas la vibración de la ciudad y te dejes guiar por esa torre dorada. Al llegar a sus pies, fíjate en los detalles de su fachada; cada relieve cuenta una historia de devoción y de arte.
Soy Avsha, y es un placer acompañarte en este viaje por las venas de Salta, donde cada piedra tiene algo que susurrarte al oído. Disfruta del camino.