The story
Bienvenidos al Monte Ulía, el pulmón verde que vigila San Sebastián desde el este. Mientras caminas por estos senderos donde el olor a salitre se mezcla con el aroma del eucalipto y los helechos, es fácil dejarse llevar por la paz del paisaje. Sin embargo, bajo tus pies y ocultos tras la maleza, descansan los restos de una historia mucho más oscura y silenciosa.
Te encuentras ante los búnkeres y baterías de costa de Ulía, centinelas de hormigón que nos cuentan relatos de guerras, miedos y una vigilancia eterna sobre el Mar Cantábrico. Si te detienes un momento y miras hacia el horizonte, verás la inmensidad azul que tanto deseaban proteger. Estos búnkeres no son de una sola época, sino que forman un complejo entramado construido principalmente durante la Guerra Civil española y reforzado en los años cuarenta, bajo el temor de una intervención aliada durante la Segunda Guerra Mundial.
San Sebastián, por su cercanía a la frontera francesa y la importancia estratégica del puerto de Pasajes, se convirtió en un punto crítico que debía ser fortificado a toda costa. Al acercarte a las estructuras de la zona de Monpás, notarás la robustez del hormigón, ahora cubierto de musgo y grafiti. Fíjate en las troneras, esas aberturas estrechas diseñadas para asomar los cañones o las ametralladoras.
Imagina por un instante a los soldados que pasaban aquí las noches, escuchando el rugido de las olas rompiendo contra los acantilados de arenisca, con la vista clavada en cualquier luz sospechosa en el mar. Eran días de tensión constante, donde el silencio de la noche solo se rompía por el relevo de la guardia. Uno de los puntos más impresionantes es la batería de Monpás, situada en el saliente más bajo hacia el mar.
Desde aquí, la vista de la playa de la Zurriola es espectacular, pero en aquel entonces, este lugar era una posición de tiro privilegiada. El diseño de estos búnkeres buscaba la invisibilidad; se mimetizaban con la roca y la vegetación para no ser detectados por los barcos enemigos. Hoy, esa misma vegetación parece querer devorarlos, integrando estas cicatrices de guerra en el ecosistema del parque.
Mientras sigues tu camino, recuerda que Ulía ha pasado de ser un puesto de vigilancia ballenera en la Edad Media a un parque de atracciones a principios del siglo veinte, y finalmente un bastión militar. Estos búnkeres son el recordatorio físico de que incluso en los lugares más hermosos, la historia ha dejado su huella de hierro y cemento. Al salir de la penumbra de las galerías y volver a la luz del sendero, disfruta de la libertad de este monte que, tras décadas de vigilancia, hoy solo nos pide que lo recorramos en paz.