The story
Detente un momento frente a este gigante de piedra y levanta la mirada. Estás ante las Torres de Serranos, una de las puertas fortificadas más imponentes de la Europa medieval y, sin duda, el símbolo más orgulloso de la Valencia amurallada. Construidas entre 1392 y 1398 por el maestro Pere Balaguer, estas torres no se diseñaron solo para la defensa, sino también como un arco de triunfo permanente para impresionar a todo aquel que llegara a la ciudad desde el norte, desde los caminos de la serranía.
De ahí proviene su nombre, de los serranos que cruzaban el río para entrar en el corazón del reino. Si observas su arquitectura, notarás la maestría del gótico valenciano. Sus dos torres gemelas, de planta poligonal, están unidas por un cuerpo central que parece abrazar a quien se acerca.
Fíjate en los detalles de la piedra y en las elegantes molduras. Pere Balaguer incluso viajó al Monasterio de Poblet para estudiar su puerta real y replicar esa perfección aquí. Sin embargo, lo que ves no es solo una fachada bonita.
Si caminas hacia la parte posterior, notarás algo curioso: las torres están abiertas por detrás. Esto se hizo para que los defensores de la ciudad pudieran ver lo que ocurría en el interior y, sobre todo, para que la puerta no pudiera ser utilizada como una fortaleza contra la propia ciudad en caso de una revuelta. La historia de estas piedras es fascinante y camaleónica.
Durante siglos, fueron la entrada de reyes y embajadores, pero en el año 1586 su destino cambió drásticamente. Tras un gran incendio en la cárcel de la ciudad, las torres se convirtieron en una prisión para nobles y caballeros. Esta función de cárcel duró casi trescientos años, hasta 1887, y fue curiosamente lo que salvó a las torres de ser derribadas cuando el resto de la muralla medieval fue demolida en el siglo diecinueve para expandir la ciudad.
Incluso en tiempos más oscuros, como la Guerra Civil Española, este lugar cumplió una misión vital. Aquí, entre estos muros de más de seis metros de espesor, se escondieron y protegieron algunas de las obras más valiosas del Museo del Prado, incluyendo cuadros de Velázquez y Goya, para ponerlas a salvo de los bombardeos. Hoy, las Torres de Serranos respiran alegría.
Es aquí donde cada último domingo de febrero, la Fallera Mayor de Valencia se asoma para anunciar a todo el mundo que "ya estamos en Fallas" en el acto conocido como La Crida. Te invito a que subas sus escalones de piedra. Desde lo alto de sus almenas, tendrás una de las mejores vistas de la ciudad: a un lado, el laberinto histórico del Barrio del Carmen y, al otro, el cauce del río Turia, hoy convertido en un pulmón verde que abraza a esta ciudad milenaria.
Escucha el eco del viento entre sus muros y deja que el pasado te cuente sus secretos.