The story
Bienvenidos al corazón latente de San Miguel de Allende. Te encuentras ahora en el Callejón de Loreto, justo frente al número 25. Detente un momento y siente el ritmo de esta calle.
El empedrado irregular bajo tus pies, las paredes teñidas de ocres y terracotas, y ese aroma a pan recién horneado y piedra antigua que solo se encuentra aquí. Estás en uno de los puntos de transición más bellos de la ciudad, donde el pasado virreinal y la ambición arquitectónica se encuentran. A tu costado se levanta el imponente Oratorio de San Felipe Neri.
Este templo, cuya construcción comenzó en 1712, es un festín para los ojos con su fachada de cantera rosa y sus detalles barrocos que parecen encaje tallado. Fue originalmente un lugar de culto para la población mulata de la villa y es famoso por albergar la Santa Casa de Loreto, una joya oculta de riqueza ornamental extrema. Observa la delicadeza de sus relieves; es un recordatorio de la devoción y el arte que levantaron esta ciudad sobre las colinas del Bajío.
Ahora, te invito a que comencemos el ascenso. A medida que subes por el Callejón de Loreto, la pendiente te obliga a ir más despacio, lo cual es perfecto para notar los detalles de las puertas de madera pesada y las buganvilias que se desbordan por encima de los muros. Pero lo que realmente domina tu horizonte, lo que te guía como un faro de piedra hacia el centro, son las torres que empiezan a asomarse por encima de los tejados.
Ese gigante rosado que ves al final del camino es la Parroquia de San Miguel Arcángel. Su historia es una de las más fascinantes de todo México. A finales del siglo diecinueve, un albañil y maestro de obras autodidacta llamado Zeferino Gutiérrez recibió el encargo de transformar la antigua fachada barroca, que estaba muy deteriorada.
Zeferino no tenía planos arquitectónicos formales, ni estudios en grandes academias. Se cuenta que su inspiración provino de postales de catedrales góticas europeas, especialmente la de Colonia en Alemania. Con una vara trazando dibujos en la arena y su prodigiosa intuición como única guía, Zeferino dirigió a los artesanos locales para levantar esos pináculos y arcos apuntados que hoy definen el perfil de San Miguel.
Utilizaron la cantera rosa extraída de los alrededores, logrando ese tono casi irreal que parece encenderse cuando cae la tarde. Al llegar a la plaza principal, frente al Jardín, te darás cuenta de que lo que Zeferino creó no fue solo un edificio, sino el símbolo eterno de esta ciudad. Disfruta de la subida, deja que el sonido de las campanas te envuelva y prepárate para encontrarte cara a cara con la fantasía de piedra del maestro Zeferino.