The story
¡Hola! Soy Avsha. Detente un momento aquí, en el corazón de la Plaza de la Independencia, y deja que el pulso de Madrid te envuelva.
Ante ti se alza, majestuosa y serena, la Puerta de Alcalá. No es solo un arco de triunfo; es el alma de la ciudad convertida en piedra de granito y caliza. Cierra los ojos e imagina por un segundo que estamos en 1778.
Madrid está cambiando. El rey Carlos III, a quien llamaban el mejor alcalde de Madrid, quiere transformar una villa medieval en una capital europea moderna. Para ello, manda derribar la antigua puerta de ladrillo, pequeña y modesta, para construir esta maravilla que ves hoy.
Fue la primera puerta monumental de este estilo construida en Europa tras la caída del Imperio Romano, adelantándose incluso al Arco del Triunfo de París o a la Puerta de Brandeburgo en Berlín. Si observas con atención, notarás algo curioso. El arquitecto italiano Francesco Sabatini presentó varios bocetos al Rey, y cuenta la leyenda que Carlos III, quizá por un descuido o porque le gustaron varios elementos, dio el visto bueno a dos diseños distintos a la vez.
Sabatini, para no contradecir al monarca, decidió fusionarlos. Por eso, si rodeas el monumento, verás que las dos caras de la puerta no son iguales. La fachada exterior, la que mira hacia el este, por donde llegaban los viajeros procedentes de Aragón y Cataluña, es más ornamentada, con diez columnas y trofeos militares.
En cambio, la cara interior, la que mira hacia la Cibeles, es más sobria, decorada con pilastras y los escudos reales. Fíjate ahora en la parte más alta. Esos niños que parecen jugar sobre el frontón no son simples adornos; representan las cuatro virtudes cardinales: la Prudencia, la Justicia, la Templanza y la Fortaleza.
Pero no todo es belleza idealizada en estos muros. Si te acercas un poco, verás pequeñas muescas y cicatrices en el granito. Son huellas de metralla y balas, recuerdos mudos de la invasión napoleónica y de los enfrentamientos de la Guerra de la Independencia, además del rastro del asesinato del presidente Eduardo Dato en esta misma plaza en 1921.
Seguramente te venga a la mente la famosa canción de Ana Belén y Víctor Manuel que dice "ahí está, viendo pasar el tiempo". Y es que la Puerta de Alcalá ha sido testigo de todo: desde los rebaños de ovejas que cruzaban por aquí cuando esto era una vía pecuaria, hasta las celebraciones deportivas más ruidosas. Antes de continuar tu camino hacia el Parque del Retiro, que tienes justo a tus espaldas, o bajar por la señorial calle de Alcalá, mira cómo la luz de Madrid rebota en la piedra.
Estás ante un símbolo de bienvenida que nunca se cierra. Disfruta de la vista, porque la Puerta de Alcalá te está saludando, tal como lo ha hecho con millones de personas durante los últimos dos siglos y medio.