The story
Bienvenidos a uno de los rincones más queridos y vibrantes de nuestra ciudad. Se encuentran ahora en la Avenida Benito Juárez, justo frente al Paseo Juárez, conocido por todos los oaxaqueños simplemente como El Llano. Al caminar por estos senderos, lo primero que notarán es la generosa sombra de los enormes laureles de la India que parecen abrazar el parque.
Este no es solo un pulmón verde; es un testigo mudo de la transformación de Oaxaca desde hace siglos. En la época virreinal, este espacio era un terreno abierto y pantanoso a las afueras de la traza principal. Sin embargo, para el siglo diecinueve, el lugar cobró una importancia estratégica y social.
Fue aquí donde las tropas se reunían para entrenamientos militares, ganándose el nombre de Campo del Honor. Pero la historia quiso que las armas dieran paso al descanso. Hacia mil ochocientos noventa y cuatro, el parque fue formalmente inaugurado con el nombre que lleva hoy, en honor al hijo predilecto de estas tierras, don Benito Juárez.
Si dirigen su mirada hacia el centro del parque, verán el imponente monumento al Benemérito de las Américas. Es una escultura de bronce imponente, obra del artista italiano Alessandro Contini. Juárez aparece sosteniendo la bandera mexicana, recordándonos su lucha por la Reforma y la soberanía.
Pero no es el único guardián del lugar. Si prestan atención a las entradas principales, verán ocho majestuosos leones de piedra tallados en cantera que custodian el acceso, dándole al paseo un aire de elegancia clásica que contrasta con la energía moderna de la avenida. A su alrededor, el entorno es igual de fascinante.
En el lado este, podrán ver la fachada barroca del Templo de Nuestra Señora del Patrocinio, con sus torres que se elevan contra el cielo azul de Oaxaca. Pero el alma de El Llano se siente realmente en su vida cotidiana. Si tienen la suerte de estar aquí un viernes, se encontrarán con el famoso tianguis.
El aire se llena del aroma a barbacoa, tlayudas, nieves de sabores exóticos y aguas frescas. Es un festival para los sentidos donde la gastronomía local toma las calles. En los días más tranquilos, El Llano se convierte en el patio de recreo de la ciudad.
Verán a niños aprendiendo a patinar, parejas caminando bajo la cantera rosa y ancianos leyendo el periódico en las bancas de hierro. Les invito a que caminen despacio, que escuchen el murmullo de las fuentes y se dejen envolver por la brisa. Aquí, en la Avenida Juárez, el pasado de Oaxaca se respira en cada rincón, recordándonos que, a pesar del paso del tiempo, este siempre será el lugar donde la ciudad viene a encontrarse consigo misma.
Disfruten su paseo por esta joya del centro histórico.