The story
Bienvenidos a uno de los rincones más fascinantes y elegantes de la Ciudad de México. Se encuentran frente al número 176 de la calle Jaime Torres Bodet, en el corazón de la histórica colonia Santa María la Ribera. Ante ustedes se alza el Museo de Geología de la UNAM, un edificio que es, en sí mismo, una joya tallada en piedra que nos narra la ambición científica y estética del México de principios del siglo veinte.
Observen detenidamente la fachada. Construida con piedra de chiluca y tezontle, es un ejemplo magistral del estilo ecléctico del Porfiriato. Si miran los relieves bajo las ventanas, notarán que no son simples adornos caprichosos.
El arquitecto Carlos Herrera López incorporó motivos de fósiles, conchas y plantas, adelantándonos lo que este templo resguarda en su interior. Fue inaugurado en 1906, originalmente como sede del Instituto Geológico Nacional, en una época en la que esta colonia era el barrio más exclusivo y moderno de la capital. Al cruzar el umbral y entrar al vestíbulo principal, la atmósfera cambia por completo.
El bullicio de la Santa María desaparece para dar paso a un silencio solemne. Lo primero que robará su aliento es la majestuosa escalinata de estilo Art Nouveau, fundida en hierro en los famosos talleres de la fundición de Chapultepec. Pero el verdadero protagonista de este salón es el imponente esqueleto de mamut que domina el centro de la sala.
Estos restos fueron encontrados en la Cuenca de México y nos recuerdan que, hace miles de años, estos gigantes caminaban por el mismo suelo que hoy pisamos. No olviden mirar hacia arriba. Los vitrales que decoran el espacio son verdaderas obras de arte que capturan la luz de la tarde.
En ellos pueden ver paisajes emblemáticos de la minería mexicana, como la Cascada de Regla o las minas de Pachuca. Es un homenaje a la riqueza del subsuelo mexicano que fue la base del desarrollo del país. A medida que caminan por las salas laterales, verán vitrinas de madera original que custodian una colección asombrosa de minerales, cristales y meteoritos.
Hay una sección dedicada a las rocas que forman nuestra corteza terrestre, donde cada fragmento cuenta una historia de millones de años de presión y calor. Este museo no es solo un lugar de exposición, es un archivo del tiempo. Al salir, les sugiero caminar unos pasos hacia el Kiosco Morisco en la plaza central.
Notarán cómo el museo y el barrio dialogan entre sí, recordándonos que la ciencia y la belleza siempre han ido de la mano en este rincón de la ciudad. Disfruten su recorrido por la historia de la Tierra.