The story
Bienvenidos a uno de los rincones más vibrantes, aromáticos y generosos de la Ciudad de México. Se encuentran frente al número 101 de la calle Campeche, en el corazón de la colonia Roma Sur. Oficialmente, este lugar lleva el nombre de Mercado Melchor Ocampo, pero si le preguntan a cualquier habitante de esta ciudad, simplemente les dirán que están en el Mercado Medellín.
Es curioso, ¿verdad? El nombre de la calle lateral terminó bautizando al edificio, pero esa coincidencia fonética con la ciudad colombiana fue, quizás, una premonición de lo que encontrarían dentro. Al cruzar cualquiera de sus puertas, lo primero que los recibirá no será el olor del cilantro o el chile seco típico de México, sino el aroma penetrante del café recién tostado y el dulzor de las frutas tropicales.
El Mercado Medellín es un crisol. Se dice que después de los sismos que sacudieron esta zona, la comunidad de inmigrantes de América Latina —especialmente de Colombia, Venezuela y Cuba— encontró en estos pasillos un refugio para sus sabores. Es aquí donde la nostalgia se convierte en comida.
Caminen despacio por los pasillos centrales. Miren hacia arriba y verán banderas de distintos países colgando de los locales. A su izquierda, verán puestos que ofrecen tesoros difíciles de hallar en otros lados: harina de maíz para arepas, plátano macho en todas sus etapas de madurez, yuca fresca y auténtico café de las montañas de Antioquia.
No dejen de buscar los puestos de frutas; aquí la guanábana, el maracuyá y el lulo conviven con el aguacate y el nopal, creando un arcoíris que parece no tener fin. Si tienen un poco de hambre, busquen el famoso local de Helados Palmeiro. Es una institución aquí.
Prueben el helado de mantecado o el de coco, servido al estilo cubano. Mientras lo disfrutan, observen el bullicio. El Mercado Medellín no es solo un sitio para comprar víveres; es un centro social donde los vecinos de la Roma se mezclan con chefs de alta cocina que vienen a buscar ingredientes exóticos y con familias que llevan décadas manteniendo sus negocios aquí.
Este edificio ha resistido el paso del tiempo y la gentrificación, manteniendo su esencia de barrio. Es un recordatorio de que la Ciudad de México siempre ha sido una ciudad de puertas abiertas, un lugar donde una calle llamada Campeche puede albergar el alma de todo un continente. Antes de seguir su camino por la Roma Sur, respiren profundo una vez más.
Déjense envolver por esa mezcla de música tropical, el golpe de los cuchillos sobre las tablas de madera y el pregón de los comerciantes. Se llevan con ustedes no solo un recuerdo visual, sino el sabor de una ciudad que sabe a casa, sin importar de dónde vengas. Sigan explorando, que la Roma aún tiene mucho que contarles.