The story of Fuente de los Coyotes · 3 min · Español

El Corazón de Coyoacán: El Canto de la Fuente de los Coyotes

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The story

Bienvenidos al corazón palpitante de uno de los barrios más mágicos, bohemios y antiguos de la Ciudad de México. Te encuentras en el Jardín Centenario, justo frente a la emblemática Fuente de los Coyotes. Detente un momento y escucha el murmullo del agua, que parece contarnos historias de siglos pasados mientras se mezcla con el bullicio de los transeúntes, el sonido de los organilleros y el aroma irresistible de los churros y el café que flota en el aire.

Esta fuente no es solo un adorno; es el símbolo máximo de identidad de esta zona. La palabra Coyoacán proviene del náhuatl Coyohuacan, que significa "lugar de los que tienen coyotes". Al observar estas dos majestuosas figuras de bronce, capturadas en una actitud de alerta y elegancia, estás viendo una obra del reconocido escultor Gabriel Ponzanelli, quien en la década de los ochenta logró plasmar la esencia misma del nombre de este pueblo.

Fíjate en los detalles de sus pelajes y la fuerza de sus extremidades; parecen guardianes eternos que cuidan la tranquilidad de la plaza. El Jardín Centenario donde nos ubicamos fue inaugurado en 1910 para conmemorar el primer siglo de la Independencia de México. Si giras un poco la vista, notarás que este espacio está custodiado por los icónicos arcos de piedra que sirven de entrada al atrio.

Estos arcos son restos de la barda original que rodeaba el conjunto religioso de la Parroquia y el Exconvento de San Juan Bautista, cuya torre se asoma imponente al fondo. Es fascinante pensar que, tras la caída de Tenochtitlán, Hernán Cortés eligió Coyoacán como la sede del primer ayuntamiento del Valle de México, convirtiendo estas calles empedradas en el epicentro del nuevo orden colonial. Hoy, la Fuente de los Coyotes es el punto de encuentro por excelencia.

Aquí convergen intelectuales, artistas, familias y viajeros de todo el mundo. Es el lugar ideal para sentarse en una de las bancas de hierro forjado y simplemente observar. A tu alrededor, las fachadas de colores vibrantes y los frondosos árboles crean una atmósfera de paz que te hace olvidar que estás en una de las metrópolis más grandes del planeta.

Antes de continuar tu camino hacia el Mercado de Coyoacán o hacia la famosa Casa Azul de Frida Kahlo, tómate un respiro más junto a estos coyotes de bronce. Deja que el espíritu de este lugar, que ha sobrevivido a transformaciones prehispánicas, coloniales y modernas, te envuelva con su calidez. Disfruta de la luz que se filtra entre las hojas y prepárate para seguir descubriendo los secretos que aguardan en cada esquina de este rincón eterno de la capital.

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