The story of Edificio Telefónica, Gran Vía 28, Madrid · 3 min · Español

El Gigante de la Gran Vía: El Edificio Telefónica

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The story

Hola, soy Avsha. Detente un momento y levanta la vista. Te encuentras frente al número 28 de la Gran Vía, ante una mole de piedra y acero que, cuando se inauguró en 1929, no solo cambió el perfil de Madrid, sino que se convirtió en el rascacielos más alto de Europa.

Imagina por un segundo el impacto que tuvo en los madrileños de la época, acostumbrados a edificios de cinco o seis plantas, ver cómo esta torre de casi noventa metros desafiaba la gravedad. El arquitecto Ignacio de Cárdenas viajó expresamente a Nueva York para estudiar cómo se construían los gigantes de Manhattan. Por eso, si observas con atención su estructura, notarás esa influencia estadounidense, aunque fusionada con un estilo neobarroco muy español, visible sobre todo en la ornamentada portada de la entrada principal.

Este edificio fue el símbolo de la modernidad absoluta, la sede de la Compañía Telefónica Nacional de España en una era donde la comunicación empezaba a encoger el mundo. Pero este gigante no solo ha visto progreso; también ha sido testigo de los momentos más oscuros de la ciudad. Durante la Guerra Civil española, su altura lo convirtió en un objetivo militar prioritario y en un observatorio estratégico.

Los obuses de la artillería caían con frecuencia en la Gran Vía, pero el edificio, gracias a su robusta estructura de hormigón armado, resistió. En sus sótanos se refugiaban cientos de ciudadanos, mientras que en las plantas superiores, la historia se escribía en tiempo real. Aquí trabajaron corresponsales legendarios como Ernest Hemingway, Martha Gellhorn y John Dos Passos.

Ellos subían hasta aquí para enviar sus crónicas al extranjero a través de las únicas líneas transatlánticas que seguían operativas. Imagina el humo de los cigarrillos, el repiqueteo de las máquinas de escribir y la tensión de las voces dictando noticias mientras las explosiones sacudían los cristales. Y, por supuesto, no podemos olvidar a las protagonistas silenciosas de este lugar: las "chicas del cable".

En aquellas salas inmensas, miles de mujeres jóvenes manejaban las clavijas de los cuadros de conmutación, conectando manualmente las llamadas de todo el país. Para muchas, trabajar aquí representó su primer paso hacia la independencia y la emancipación en la sociedad española. Hoy, aunque ya no hay operadoras conectando cables, el edificio sigue vivo como un espacio cultural y tecnológico fundamental.

Al mirar sus ventanas, recuerda que estás ante un superviviente que nunca dejó de comunicar a Madrid con el resto del mundo, incluso en los tiempos más difíciles. Sigue tu camino por la Gran Vía, pero lleva contigo la imagen de este faro de piedra que, casi un siglo después, sigue vigilando el latido de la ciudad.

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